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EL CORREDOR MARRÓN
¿Los cordobeses se equivocaron por llevar a la próxima alcaldía al morenista Juan Martínez Flores? La respuesta, desde el análisis político sobrio, es no. Con el sufragio del domingo, los votantes dieron un mensaje puntual: no les convenció el priista pintado de azul y amarillo, Guillermo Rivas Díaz y hasta les provocó repulsión sus acompañantes, la riada de pillos que se exhibieron durante su campaña y en especial durante el evento de cierre de campaña. También que ya permitieron gobernar al tricolor y al blanquiazul y ambos maltrataron la ciudad. Le provocaron un rezago de más de veinte años en todos sus aspectos, desde el comercial e industrial hasta el
turístico y cultural.
Entonces, la decisión de elegir a una tercera opción, en este caso representada por Martínez Flores y el partido Morena, fue para explorar la alternativa. Es cierto, el diputado federal Martínez se ha distinguido por su holgazanería legislativa y tampoco tuvo propuestas brillantes en su campaña, pero lo eligieron por ser el menos peor, no por ser el mejor. Todas las democracias maduran con el ensayo-error hasta que sale algo positivo y esa es la apuesta que los cordobeses hicieron en las mesas de votación.
Además, Martínez Flores tiene un posible acierto y es que no pertenece al grupo político que gobierna la entidad, al cuitlahuismo, entonces -se supone- tampoco estaría obligado a obedecer los pactos desde palacio de gobierno para darle impunidad a la alcaldesa saliente, Leticia López Landero. Y ahí deben entrar al quite los ciudadanos ejerciendo la democracia participativa porque la responsabilidad del elector no termina con el voto sino que debe ser extensiva a la vigilancia de los representantes populares para que cumplan con lo
prometido.
En el caso de Córdoba tendrán que exigirle a Martínez Flores que audite las obras y finanzas municipales del cuatrienio 2018-2021 y que, en su caso, interponga las denuncias penales correspondientes. El virtual alcalde electo no puede salir con el disparate de que “no barrerá para atrás” -como prometía Rivas Díaz- ni tampoco decir que no encontró corrupción si lo que sobran -y han sido públicos – los latrocinios de López Landero. La democracia participativa deberá obligar a Martínez Flores a que no se convierta en el alcahuete de su antecesora y a que rompa la tradición de los últimos cuatro presidentes municipales que encubrieron a los ladrones anteriores.
También hay que agregar que no todo es caramelo sobre hojuelas en la integración del próximo ayuntamiento porque la síndica será Vania López González, una de las mujeres más corruptas del cuitlahuismo, llamada la “reina de los moches” y responsable del saqueo del dinero en la Dirección de Comunicación Social del Congreso del estado. Ahí, Martínez Flores, tendrá que amarrarle las manos y cortarle las uñas porque de lo contrario la señora López se robará hasta el papel de baño. Caprichoso es el azar pues la alcaldesa actual es López y la próxima síndica es López, ambas muy parecidas y no se habla del volumen sino de las mañas. Las López son un peligro para los dineros de Córdoba.
Tras los resultados de los comicios del domingo se modificó el mapa político del estado y por vez primera habrá un corredor marrón en la zona Centro Amatlán de los Reyes-Córdoba-Fortín de las Flores porque el -ahora- morenista Arturo Figueroa Vargas gobernará a los amatecos y Gerardo Rosales Victoria a los fortinenses -quien contra viento y marea derrotó al alcalde panista Antonio Mansur y su candidata Lilia Torres-. Entre esos tres municipios tienen 350 mil habitantes, el 60 por ciento de ellos votantes. Ese corredor marrón se complementa con municipios como Omealca, Huatusco, Ixtaczoquitlán, Ciudad Mendoza, Nogales, Mariano Escobedo y Zongolica.

TRINCHERAS Y CLANES
También en la lectura de los comicios del domingo es obligatorio escudriñar el comportamiento de los partidos de oposición, pues aún con la alianza “Veracruz Va” que integraron el PAN, PRI y PRD y con la que obtuvieron poco más de un millón de votos, perdieron muchos bastiones municipales y a duras penas pudieron hacerse con dos o tres curules federales y estatales. Son minucias, aunque las canten como logros
trascendentales.
En un primer balance se distinguen tres motivos para tal derrota -porque fue, un fracaso liso y llano ya que no les arrebataron la mayoría en la legislatura y en el plano municipal Morena creció un 600 por ciento en comparación con las elecciones del 2017-. El primero es que no entendieron el mensaje de las urnas del 2018, no se recompusieron sino, al contrario, postularon a tremendos impresentables: duartistas y fidelistas -ambos términos son sinónimo de corrupción y latrocinio extremo-, panistas trinqueteros y perredistas acomodaticios traidores de la
izquierda progresista.
¿Cómo pedirle a los ciudadanos que votaran por David Velasco, Adolfo Mota, Américo Zúñiga, José Mancha, Carolina Gudiño, José Vasconcelos, Jorge Gonzalez Azamar o Francisco Gutiérrez de Velasco? No la amuelen, dirían en la colonia, y por eso el voto adverso lo tuvieron bien ganado. Los priístas, panistas y perredistas creyeron que el ciudadano es tonto y desmemoriado. Tampoco aportaron propuestas serias que convencieran al elector y en cambio apostaron a famas destartaladas y a la vetusta estructura partidista, y ahí está el
resultado: los arrollaron.
Por otro lado, en el panismo se conjugaron dos razones para sazonar la derrota. La dirigencia estatal que encabeza Joaquín Guzmán Avilés está cooptada por palacio de gobierno, hizo acuerdos subrepticios para allanarle el triunfo a los candidatos morenistas y atajar a quienes podrían representar un peso serio desde la oposición. Además, al interior del panismo no hubo cohesión ni operatividad coordinada sino cada corriente defendió sus bastiones, cotos y clanes. No se compitió por el proyecto sino por los cargos.
Hay grupos que conservaron sus trincheras y le cerraron el paso al morenismo: los Yunes en la conurbación Veracruz-Boca del Río y la propia familia Guzmán Avilés en Tantoyuca. Ellos no trabajaron ni operaron en otra parte del estado más que por los suyos, por eso se descalabraron el ex dirigente estatal del PAN, José Mancha en Tuxpan, el ex alcalde Francisco Gutiérrez de Velasco en la diputación federal de Boca del Río, el munícipe con licencia de Medellín de Bravo, Hipólito Deschamps y Gabriel Cárdenas a quien quiso dejar en la alcaldía medellinense. El primero pertenece al clan yunista y los otros tres al grupo de Guzmán Avilés y todos fueron abandonados a su suerte.
Lo mismo entre los priistas y los mejores ejemplos son Cosoleacaque donde los hermanos Vázquez Parisi mantuvieron el ayuntamiento: Cirilo se lo heredará a Ponciano -en viceversa de lo que hicieron en el 2017- y no les importó ni la diputación federal ni la local. En Comapa, la familia Cantón conservó al alcaldía con León Cantón, el segundo de la dinastía que heredará la silla de su tía Carmen Cantón. Ahí, en ese pequeño municipio se dio una situación muy indicativa: los Cantón derrotaron al “cuñado del Congreso”, Gabriel Lagunes Jáuregui.
El candidato panista es hermano de la diputada local, Nora Lagunes, pareja sentimental del titular de la Junta de Coordinación Política, Javier Gómez Cazarín, quien a pesar de que destinó millones de pesos del presupuesto legislativo para comprar la voluntad ciudadana y hasta mandó a la policía a apalear a los lugareños no pudo sentar al hermano de la novia en la silla municipal.
En Orizaba, el clan del empresario Juan Manuel Diez Francos retuvo la presidencia municipal –será alcalde por tercera vez y su grupo lleva 16 años en el poder local-. No operó para nadie más y se avocó a retener su trinchera. Vaya, ni siquiera pudo hacer ganar a otro de sus palafreneros, Igor Fidel Rojí, quien ‘mordió el polvo’ buscando la diputación federal.
Por su lado, en la región de Los Tuxtlas, la familia perredista Hérviz Copete tuvo agridulces. En Santiago Tuxtla, la ex alcaldesa y ex diputada local, Yamín Copete Zapot y su hijo, el actual alcalde, Argenis Vázquez, hicieron ganar – ‘haiga sido como haiga sido’ como decía el panista Felipe Calderón- a la nuera y esposa, respectivamente, Kristel Hernández Topete que es diputada local con licencia y le heredarán la silla. No obstante, hicieron tantas cochinadas en los comicios que los derrotados hasta quemaron boletas y casillas por lo que el OPLE tuvo que trasladar el recuento de los votos a 
Xalapa.
En tanto, el alcalde de Ángel R. Cabada, Arturo Hérviz, esposo de Copete Zapot y quien ha sido dos veces edil además de diputado local y federal, así como senador, no logró heredarle la silla a su hijo, Elvis Arturo Hérviz Pérez, quien fue derrotado por el morenista César García Machucho, rompiendo un cacicazgo de 15 años. Por eso no hubo doble festejo para los Hérviz Copete.

GUINDA PARA RATO
Otra lectura muy puntual de los resultados electorales en Veracruz es que el color guinda va para largo. Hay que decirlo, el gobernante en turno, Cuitláhuac García es uno de los ganadores de la contienda por varios motivos: el primero porque su desastroso gobierno y su corrupción galopante no fueron suficientes para recibir el castigo desde las urnas. El segundo, al seguir controlando el congreso local seguramente no se homologará la ley local para convocar a la consulta de revocación de mandato en el 2022 y contra todos los pronósticos concluirá su sexenio con relativa tranquilidad.
También porque no se ven figuras fuertes en la oposición -tanto en la Legislatura venidera como en las dirigencias partidistas- que lo enfrenten y lo cuestionen y, finalmente, porque le entregó buenas cuentas electorales al presidente Andrés Manuel López Obrador: la mayoría de diputaciones federales, el predominio en el Congreso local y poco más de un centenar de alcaldías, incluyendo algunas importantes como Xalapa, Poza Rica, Minatitlán y Coatzacoalcos que retuvo y agregó otras ochenta urbes a la banda marrón. Vaya, ya hasta los maledicentes proponen a García Jiménez para reescribir la fábula asnal, de Tomás de Iriarte, porque tocó dos veces la
flauta. Risas.
También la embestida judicial y policíaca contra la oposición fue exitosa en muchas partes así como fue eficaz el clientelismo de los programas sociales y las carretadas de dinero público dispersadas. Así, los ganadores paralelos de la elección en la aldea son los que estuvieron a cargo de la mapachería: los secretarios Patrocinio Cisneros y Hugo Gutiérrez y el delegado de la Secretaría del Bienestar, Manuel Huerta Ladrón de Guevara. Traducción, seguirá mandando el cerril Patrocinio Cisneros, no se irá la fiscala Verónica Hernández ni se regresará al norte Gutiérrez Maldonado. Los veracruzanos seguirán padeciéndolos al menos por otros tres años. Ni modo, por eso se votó.

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