

Sandra González
El Buen Tono
Orizaba.- Aunque Orizaba ha construido una imagen pública de “ciudad limpia”, esta narrativa se sostiene únicamente en los corredores turísticos y el primer cuadro de la ciudad. En contraste, colonias, unidades habitacionales y fraccionamientos permanecen en el abandono, con esquinas convertidas en tiraderos recurrentes de basura y escombro, incluso en puntos autorizados para el depósito de residuos.
La acumulación de desechos persiste aun después del paso del camión recolector, evidenciando deficiencias en las rutas, supervisión y operación del servicio. Vecinos denunciaron que los sitios permitidos se convierten en focos permanentes de contaminación, sin que el Ayuntamiento implemente acciones correctivas o sancione prácticas irregulares.
Este problema no es menor. La basura no recolectada atrae plagas como moscas, ratas y mosquitos, generando riesgos directos a la salud pública, como dengue, infecciones gastrointestinales y padecimientos respiratorios.
Resulta especialmente grave si se considera que el Departamento de Limpia Pública es uno de los más grandes del Ayuntamiento, con más de 80 trabajadores. A pesar de esta estructura, el servicio es insuficiente en amplias zonas, lo que refleja una mala gestión más que falta de recursos humanos.
El Ayuntamiento de Orizaba incurre además en un incumplimiento legal. Las leyes lo obligan a garantizar la recolección y disposición final de los residuos, así como a supervisar rutas e infraestructura. Nada de esto se refleja en la realidad cotidiana de las colonias, exponiendo al municipio a sanciones administrativas, demandas ciudadanas y costos mayores en remediación ambiental.
