

AGENCIA
Internacional.- La guerra entre Israel e Irán alcanzó su día 18 con una nueva escalada de violencia que se extendió a varias zonas estratégicas de Medio Oriente, incluyendo Dubái, donde se reportaron explosiones y la activación de sistemas de defensa aérea.
Durante la madrugada del martes, el Ejército de Emiratos Árabes Unidos respondió a amenazas de misiles y drones provenientes de Irán, lo que obligó al cierre temporal del espacio aéreo en Abu Dabi. Aunque las autoridades informaron que la situación se estabilizó y los vuelos se reanudaron, residentes de Dubái reportaron detonaciones mientras se realizaban labores de interceptación.
En paralelo, Israel anunció el inicio de una “oleada de ataques a gran escala” en Teherán, además de intensificar bombardeos contra objetivos de Hezbolá en Líbano. Estas acciones forman parte de una ofensiva más amplia contra Irán y sus aliados en la región.
El conflicto también ha impactado gravemente el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, una ruta clave por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial. Los ataques iraníes contra embarcaciones han reducido el flujo comercial, provocando un aumento significativo en los precios del crudo y encendiendo alarmas sobre una posible crisis energética global.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, solicitó apoyo internacional para resguardar esta vía estratégica, pidiendo a varios países el envío de buques de guerra. Sin embargo, hasta el momento no se han concretado compromisos firmes, lo que ha incrementado la presión sobre Washington.
En territorio de Emiratos, un ataque con dron provocó un incendio en instalaciones petroleras en Fujairah, sin que se reportaran víctimas. Mientras tanto, en Jerusalén, metralla de misiles iraníes interceptados cayó en puntos sensibles como el Muro Occidental y la mezquita de Al Aqsa, elevando la tensión en sitios religiosos clave.
En Tel Aviv y otras zonas de Israel también se registraron ataques, aunque sin víctimas reportadas. Por su parte, las operaciones militares han dejado hasta ahora más de 1,300 muertos en Irán, incluidos cientos de civiles, mientras que en Líbano el número de desplazados supera el millón de personas.
La crisis energética derivada del conflicto continúa presionando a la economía global, con el precio del petróleo al alza y crecientes dificultades para el suministro. Organismos internacionales han comenzado a liberar reservas estratégicas para mitigar el impacto.
Pese a los llamados internacionales para una solución diplomática, Irán ha rechazado cualquier posibilidad de negociación, lo que mantiene el escenario de incertidumbre y el riesgo de una escalada aún mayor en la región.
