

De la redacción
El Buen Tono
El gobierno de Estados Unidos anunció que está dispuesto a entregar 100 millones de dólares en ayuda humanitaria a Cuba, aunque puso una condición clave: que los recursos sean distribuidos mediante la Iglesia católica y organizaciones independientes, sin pasar por los canales oficiales del gobierno cubano.
La propuesta fue confirmada por Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, durante su reciente visita al Vaticano, en medio de las tensiones entre Washington y La Habana por las sanciones económicas y el suministro de petróleo hacia la isla.
En un comunicado, el gobierno estadounidense reiteró públicamente su oferta de proporcionar ayuda humanitaria directa al pueblo cubano, señalando que sería coordinada con la Iglesia católica y otras organizaciones humanitarias independientes consideradas confiables.
Autoridades estadounidenses aseguraron que aceptar o rechazar la ayuda dependerá únicamente del gobierno cubano, advirtiendo que negar el apoyo significaría obstaculizar una asistencia considerada vital para miles de personas en la isla.
La propuesta fue planteada por Rubio tras encuentros con el Papa León XIV y autoridades del Vaticano, institución que históricamente ha fungido como mediadora entre Estados Unidos y Cuba desde la revolución cubana de 1959.
El anuncio ocurre en un momento de fuerte tensión política y económica entre ambos países, luego del decreto firmado por el presidente Donald Trump el pasado 28 de enero, con el que amenaza con imponer aranceles a países que suministren petróleo a Cuba, medida que ha agravado la crisis en la isla.
Además, la administración Trump ya había cortado el suministro de crudo proveniente de Venezuela, aliado histórico de La Habana, mientras Washington también aseguró haber ofrecido apoyo para un servicio de internet satelital libre para los cubanos.
Estados Unidos recordó que este mismo año ya entregó ayuda humanitaria a Cuba por un valor de 6 millones de dólares tras el devastador paso del huracán Melissa en 2025. Dicho apoyo fue canalizado a través de la Iglesia católica luego de negociaciones entre Washington, La Habana y representantes religiosos para evitar que los recursos pasaran por las vías oficiales del gobierno cubano.
