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AGENCIA

Internacional.- La ambición de Estados Unidos, la OTAN y Europa por ampliar su presencia en Groenlandia enfrenta un obstáculo tan contundente como inevitable: El hielo. Lejos de ser un detalle técnico, las condiciones extremas del Ártico convierten cualquier operación política, económica o militar en una empresa altamente dependiente de una capacidad que hoy Washington no tiene: los rompehielos.

Puertos bloqueados, costas cubiertas por gruesas capas de hielo y mares plagados de bloques móviles hacen imposible la navegación convencional durante gran parte del año. La única forma de acceder con regularidad a Groenlandia es mediante rompehielos, buques especializados con cascos reforzados y motores capaces de abrirse paso entre masas heladas.

Sin embargo, Estados Unidos apenas cuenta con tres barcos de este tipo, y uno de ellos se encuentra en condiciones tan deterioradas que su operación es limitada. Aunque el país ha firmado acuerdos para adquirir 11 nuevos rompehielos, la realidad es que su construcción depende de terceros, incluidos aliados y potencias rivales.

El principal proveedor mundial es Finlandia, nación que ha desarrollado cerca del 60 por ciento de la flota global de rompehielos y ha diseñado la mitad del resto. Paradójicamente, el mismo país al que Washington ha presionado en el marco de su interés por Groenlandia es hoy indispensable para que Estados Unidos pueda operar en el Ártico.

El presidente Donald Trump ha insistido en la necesidad de que Estados Unidos controle Groenlandia por razones de seguridad y acceso a recursos estratégicos, en particular tierras raras. Durante el Foro Económico Mundial de Davos, afirmó que para explotar esos minerales “hay que atravesar cientos de pies de hielo”, sin detallar cómo podría lograrse ese objetivo.

Especialistas advierten que, aun si Washington decidiera actuar de inmediato, enfrentaría un margen de dos a tres años en los que el acceso a la isla sería extremadamente limitado. “En el mapa Groenlandia parece rodeada de mar, pero en la práctica ese mar está lleno de hielo”, explicó Alberto Rizzi, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.

El problema se agrava porque las únicas opciones reales para adquirir rompehielos adicionales provienen de Rusia, China, Canadá o Finlandia. Rusia posee la mayor flota del mundo, con alrededor de 100 unidades, varias de ellas de propulsión nuclear. Canadá planea duplicar su flota hasta llegar a unas 50 embarcaciones. Finlandia, por su parte, mantiene una posición estratégica gracias a su experiencia técnica y a empresas especializadas como Aker Arctic.

Aunque el cambio climático ha reducido el volumen total de hielo en el Ártico, expertos advierten que esto no facilita la navegación. Por el contrario, el hielo se ha vuelto más impredecible, más móvil y, en algunos casos, más grueso. En ciertas zonas, los bloques pueden alcanzar hasta diez metros de espesor debido a los vientos y a la acumulación en aguas poco profundas.

Esta situación ha obligado a Finlandia a mantener operativa su flota de rompehielos incluso en inviernos más cortos. De hecho, aunque el periodo de uso se ha reducido, la complejidad de las operaciones ha aumentado, lo que confirma que el calentamiento global no simplifica el acceso al Ártico, sino que lo vuelve más peligroso.

En este contexto, analistas señalan que la retórica de control territorial sobre Groenlandia contrasta con la limitada capacidad real de Estados Unidos para operar en la región. Incluso aliados europeos podrían ejercer presión simplemente restringiendo el acceso a tecnología y construcción de rompehielos.

Mientras tanto, Finlandia enfrenta su propio dilema: Mantener una flota suficiente para garantizar su comercio exterior en inviernos cada vez más impredecibles. Según autoridades locales, el costo de sostener estos buques es elevado, pero insignificante frente al impacto que tendría la interrupción del comercio marítimo.

Así, el Ártico se consolida como un escenario donde la geopolítica choca con la realidad física. Más allá de discursos o ambiciones estratégicas, el control de Groenlandia sigue dependiendo de una condición ineludible: La capacidad de romper el hielo.

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