De la Redacción
El Buen Tono
Cosolapa.- El silencio que hoy envuelve al campo de La Loma en Cosolapa contrasta con el bullicio que hace apenas unos años caracterizaba las tardes y noches del municipio. Lo que fue un punto de encuentro familiar y de sana competencia se ha transformado en un espacio subutilizado, generando una creciente molestia entre los aficionados al deporte local. Vecinos de diversas colonias solicitan al presidente municipal, Rogelio Peña, que rescate la tradición de los torneos de barrios, una actividad que no solo fomentaba la actividad física, sino que tejía la cohesión social del pueblo.
La demanda ciudadana es clara y contundente: “ya hace falta torneo de barrios en Cosolapa”. Los habitantes recuerdan con nostalgia cómo las canchas se llenaban de familias enteras que acudían a apoyar a sus equipos representativos, creando un ambiente de fiesta y pertenencia que hoy se echa de menos. La petición se centra en la implementación de competencias durante el horario vespertino y nocturno, aprovechando las temperaturas más frescas para facilitar la asistencia de los trabajadores que solo disponen de tiempo libre al caer el sol, y devolviendo así la vida a un escenario deportivo que permanece en el abandono.
No se trata de un capricho estético, sino de una necesidad social apremiante. La falta de actividades deportivas organizadas ha dejado un vacío que, advierten los padres de familia, suele ser llenado por el ocio improductivo y, en el peor de los casos, por conductas de riesgo entre los jóvenes. Los torneos de antaño funcionaban como un escudo protector, canalizando la energía de las nuevas generaciones hacia el esfuerzo físico y el trabajo en equipo, valores que la administración municipal, encabezada por Rogelio Peña, ha relegado a un segundo plano en su agenda de gobierno.
La crítica hacia el edil radica en la omisión evidente de un recurso comunitario de bajo costo y alto impacto. Mientras el alcalde destina recursos a otras áreas, los vecinos señalan que reactivar una liga deportiva no requiere de grandes obras de infraestructura, sino de voluntad política y organización: balones, arbitrajes y un sistema de premiación simbólico son suficientes para encender la mecha de la competencia sana. La ausencia de respuesta por parte de la autoridad municipal ante los repetidos llamados públicos comienza a interpretarse como una falta de sensibilidad hacia las tradiciones y el bienestar integral de la comunidad cosolapense.
Ante la pasividad oficial, los habitantes han optado por la denuncia pública. El campo de La Loma espera ansioso el regreso del rugido de la afición y el silbato del árbitro. La exigencia es clara: se necesita que el deporte vuelva a ser una política pública prioritaria, no un recuerdo melancólico. Si el presidente Rogelio Peña desea realmente conectar con su gente, tiene en sus manos la oportunidad de atender este clamor popular y devolverle a Cosolapa la alegría de las tardes de fútbol, demostrando que el deporte es también un pilar fundamental para la reconstrucción del tejido social.
