

Efraín Hernández
El Buen Tono
Córdoba.- La gestión encabezada por Manuel Alonso Cerezo quedó nuevamente expuesta tras intentar fabricar un relato para contener la inconformidad social generada por el retiro de los perros Canelo y Güero, animales que días antes convivían sin problema alguno, incluso durante el acto cívico del lunes 02 de febrero, sin representar riesgo para asistentes.
Luego de esa jornada pública, la determinación tomada por los regidores Glorisel Ixmatlahua Rodríguez y Jorge Maximiliano Huerta Vázquez derivó en el levantamiento de ambos canes y su traslado al Centro de Bienestar Animal, decisión que detonó señalamientos por abuso de atribuciones y una clara falta de criterio dentro de la estructura municipal.
La molestia ciudadana aumentó cuando activistas y habitantes de Córdoba acudieron a las oficinas de la edil Nayibe Sacre González para exigir información sobre el destino de los animales, evidenciando improvisación operativa, ausencia de protocolos y descoordinación interna en protección animal.
Ante la presión social, desde el entorno del alcalde se difundió en medios alineados la versión de que el ayuntamiento adoptaría permanentemente a ambos perros, narrativa usada como estrategia de contención mediática y no como acción concreta sustentada en hechos. La versión oficial se derrumbó cuando el Güero fue adoptado por un instructor de taekwondo sin intervención gubernamental ni propaganda institucional, mientras Canelo sigue sin definición, convertido en otro pendiente de una administración que improvisa, distorsiona información y usa el bienestar animal como recurso discursivo sin resultados verificables.
