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AGENCIA

Internacional.- A medida que avanzan los preparativos para el Mundial de Futbol de 2026, el torneo comienza a verse rodeado por cuestionamientos que van más allá del ámbito deportivo. La competencia, programada del 11 de junio al 19 de julio en Estados Unidos, México y Canadá, será la Copa del Mundo más grande de la historia, pero también se perfila como una de las más politizadas ante el contexto internacional actual.

Recientes decisiones del gobierno estadounidense han reactivado el debate sobre si el futbol internacional puede mantenerse al margen de las tensiones diplomáticas. Desde su regreso a la presidencia en enero de 2025, Donald Trump ha impulsado medidas en materia de inmigración y política exterior que han generado críticas en distintos países. De acuerdo con reportes de SPORTbible, estas incluyen acciones militares en Venezuela y Nigeria, así como amenazas de intervención que involucran a México, Colombia e Irán.

A ello se sumó la exigencia pública de Trump para que Dinamarca cediera Groenlandia a Estados Unidos, bajo el argumento de fortalecer la seguridad nacional. La propuesta fue rechazada por las autoridades de Groenlandia, la OTAN y varios gobiernos europeos. Incluso el primer ministro británico, Keir Starmer, calificó la idea como “totalmente equivocada” en enero. Aunque posteriormente Trump descartó el uso de la fuerza y dio marcha atrás en algunos aumentos arancelarios, el episodio incrementó las fricciones diplomáticas en un momento clave para la organización del Mundial.

Estas tensiones ya han alcanzado el terreno político-deportivo. En el Reino Unido, 23 diputados de distintos partidos firmaron una moción parlamentaria para exhortar a los organismos deportivos internacionales a revisar si Estados Unidos debería seguir siendo elegible como sede de grandes eventos, incluido el Mundial de 2026.

Especialistas coinciden en que retirar la sede a Estados Unidos sería poco probable. Jack Anderson, profesor de derecho deportivo de la Universidad de Melbourne, señaló a SPORTbible que la FIFA tiene amplias facultades contractuales, pero que ejercerlas en este caso sería inusual y tendría fuertes repercusiones diplomáticas y económicas para el propio organismo. Indicó que solo escenarios extremos, como un conflicto internacional de gran escala que involucre a un país anfitrión, podrían justificar una medida de ese tipo.

No obstante, el riesgo de boicots nacionales sí representa una amenaza más concreta. Un informe de Sky Sports News de 2018 recuerda que la normativa de la FIFA permite sancionar a las asociaciones que se nieguen a participar, incluyendo la exclusión de futuras competiciones y posibles responsabilidades financieras. Para el Mundial de 2026, la FIFA establece que puede tomar cualquier medida que considere necesaria si un equipo clasificado se retira, incluso reemplazarlo por otra selección.

En Europa, las posturas siguen siendo dispares. La ministra de Deportes de Francia, Marina Ferrari, descartó cualquier llamado a boicot, mientras que en Alemania, comentarios aislados fueron desestimados por la Federación Alemana de Futbol. El académico Simon Chadwick, asesor de la FIFA y analista de GeoSport, afirmó que un boicot europeo masivo sería difícil de coordinar debido a las distintas relaciones políticas que los países mantienen con Estados Unidos. Aunque no descartó acciones individuales, fue tajante al señalar que selecciones como Inglaterra probablemente sí participarán.

Hasta ahora, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, no ha emitido comentarios directos sobre estas especulaciones. Sin embargo, en octubre de 2025, ante presiones para excluir a Israel de competiciones internacionales, sostuvo que la FIFA “no puede resolver problemas geopolíticos”, una postura que sugiere que el organismo mantendrá su política de separar el futbol de los conflictos políticos, pese a que esa línea resulte cada vez más difícil de sostener.

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