

AGENCIA
Nacional.- Cada vez que un mexicano carga gasolina no solo paga por el combustible: También sostiene una parte importante del gasto público. De acuerdo con el desglose del precio promedio registrado en enero, de 23.58 pesos por litro, casi la mitad -10.37 pesos- corresponde a impuestos federales, específicamente al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) y al Impuesto al Valor Agregado (IVA). El resto, 13.20 pesos, cubre los costos reales de refinación o importación, logística y margen de la estación de servicio.
La carga fiscal sobre los combustibles en México no solo es elevada, sino desproporcionada frente a otros países con alto consumo. Según un análisis de Ramsés Pech, México ocupa el séptimo lugar mundial en consumo de gasolinas, por debajo de potencias como Estados Unidos y China, pero es el primer lugar en cobro de impuestos por litro.
La comparación internacional deja en evidencia el contraste. En Estados Unidos, país del que México importa alrededor del 40 por ciento (%) del combustible que consume, el precio promedio del litro es de 12.92 pesos, de los cuales solo 2.58 pesos corresponden a impuestos. En China, el segundo mayor consumidor del mundo, el litro cuesta 14.32 pesos, con una carga fiscal de 4.58 pesos. En México, el peso del impuesto supera por mucho a ambos casos.
Para el analista, el esquema fiscal aplicado a las gasolinas responde a una lógica meramente recaudatoria. Con un consumo diario estimado entre 120 y 140 millones de litros, el IEPS se convirtió en una fuente constante y segura de ingresos para el gobierno. El problema, advierte, es que esos recursos no tienen un destino específico ni transparente. A diferencia de países desarrollados, donde los impuestos al combustible suelen estar etiquetados para infraestructura carretera o proyectos ambientales, en México el dinero se diluye en el gasto corriente, tanto federal como estatal.
A esta falta de claridad se suma el incremento sostenido del IEPS. En 2019, el impuesto promedio por litro era de 3.92 pesos; para 2026 alcanzó los 6.70 pesos, un aumento de 70.9%, impulsado en gran medida por su ajuste automático a la inflación. Además, para la semana del 21 al 27 de febrero, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público determinó no aplicar estímulos fiscales a la gasolina regular, premium ni al diésel, lo que implica el cobro completo del impuesto, según lo publicado en el Diario Oficial de la Federación.
Aunque en 2022 el gobierno aplicó una excepción al eliminar temporalmente el IEPS ante el alza internacional de los combustibles, esa medida fue extraordinaria y de corta duración. Hoy, cualquier intento por reducir el impuesto enfrenta la resistencia de las finanzas públicas: Eliminar el IEPS de la gasolina regular implicaría dejar de recaudar alrededor de 804 millones de pesos diarios, considerando una demanda de 120 millones de litros.
El resultado es un modelo fiscal cómodo para el gobierno, pero oneroso para los ciudadanos. Mientras el discurso oficial insiste en la estabilidad de precios y el bienestar económico, la realidad es que cada litro de gasolina sigue siendo una de las principales vías de recaudación sin control social, sin etiquetado claro y sin rendición de cuentas visible. El impuesto permanece, crece año con año y se cobra completo, aunque el beneficio directo para la población siga sin aparecer en el camino.
Con Calderón, todos los combustibles tenían subsidio, pero representaban una carga para el erario, Peña elimino el subsidio, por eso el incremento, pero quien realmente esta haciendo su agosto es Morena, $8 de cada litro son de impuestos.
El 42% del precio que pagamos por cada litro de gasolina se va directo a las arcas del gobierno en impuestos.
