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De la redacción El Buen Tono

Germán Larrea es conocido por construir una de las mayores fortunas de México gracias a la minería, pero una parte fundamental de su poder empresarial se encuentra en un sector menos visible: los ferrocarriles. A través de Grupo México, el empresario participa en el control de rutas estratégicas para el transporte de mercancías y el comercio nacional e internacional.

La expansión ferroviaria de Larrea comenzó en la década de 1990, cuando el gobierno mexicano impulsó la privatización de los ferrocarriles que durante décadas habían permanecido bajo control estatal. El proceso dividió la red en concesiones que fueron otorgadas a empresas privadas, entre ellas Grupo México.

La compañía obtuvo la concesión del Ferrocarril Pacífico Norte, una extensa red que conecta regiones industriales del norte del país con el Pacífico y distintos puntos de la frontera con Estados Unidos. De esta operación surgió Ferromex, empresa que se convirtió en una pieza central de su estrategia de expansión.

La apuesta tenía una ventaja evidente: Grupo México ya necesitaba transportar grandes cantidades de cobre y otros minerales. Con su incursión ferroviaria, la compañía amplió su presencia más allá de la extracción de materias primas y entró en el negocio de la infraestructura que permite movilizarlas.

Ferromex y Ferrosur, dos piezas clave del negocio

La expansión continuó con la incorporación de Ferrosur, una red ferroviaria que conecta distintas regiones del centro y sureste de México con Veracruz, uno de los principales puertos comerciales del país.

La presencia de Grupo México en ambas compañías le permitió consolidar una posición relevante en el transporte ferroviario de carga. Sus operaciones atienden a sectores como la minería, la industria automotriz, la agricultura, la construcción y la manufactura.

Esta posición también coloca a la empresa en un punto estratégico de la economía: las vías ferroviarias son fundamentales para trasladar productos a gran escala, abastecer fábricas y conectar centros de producción con puertos y cruces fronterizos.

El poder de controlar las vías

El negocio ferroviario tiene una característica particular: no basta con producir mercancías, también es necesario contar con infraestructura para transportarlas de manera eficiente.

Para las empresas que dependen del tren, factores como las tarifas, los tiempos de traslado y la disponibilidad de rutas pueden influir directamente en sus costos de operación y en su capacidad para competir.

Cuando una parte importante de la infraestructura se concentra en pocas compañías, también surge el debate sobre la competencia, las condiciones de acceso a las redes y la regulación de un servicio estratégico para el país.

Aunque el transporte ferroviario no es el único medio para movilizar mercancías, su capacidad para trasladar grandes volúmenes lo convierte en una pieza relevante para la industria mexicana.

Una posición estratégica en el comercio con Estados Unidos

La integración económica entre México y Estados Unidos ha incrementado la importancia de las redes logísticas que conectan fábricas, centros industriales, puertos y cruces fronterizos.

En ese escenario, los ferrocarriles representan una infraestructura esencial para el movimiento de materias primas y productos terminados. La posición de Grupo México en este sector le permite participar en una actividad que va más allá de la minería y que resulta determinante para numerosas cadenas de suministro.

La trayectoria empresarial de Germán Larrea muestra cómo la diversificación puede ampliar la influencia de un grupo económico: además de participar en la extracción de recursos, también puede tener presencia en los sistemas utilizados para transportarlos.

La dimensión de este negocio plantea una cuestión central para México: cómo garantizar que la infraestructura ferroviaria estratégica opere con eficiencia, tarifas competitivas y condiciones adecuadas para las empresas que dependen de ella, en un mercado donde un número limitado de operadores tiene una participación relevante.

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