

AGENCIA
CDMX.- En menos de dos horas, Alejandro Gertz Manero resolvió su comparecencia ante el Congreso y allanó el camino para convertirse en embajador de México en el Reino Unido. Sin sobresaltos, sin cuestionamientos de fondo y arropado por legisladores de la mayoría, el exfiscal general dejó el recinto entre sonrisas, saludos y carcajadas, como si su paso por una de las instituciones más cuestionadas del país no dejara pendientes ni sombras.
La escena fue reveladora. Gertz Manero llegó a la Cámara de Diputados antes de la hora prevista, descendió de una Suburban plateada, cubrebocas puesto y carpeta en mano. Saludó al personal de resguardo y avanzó sin contratiempos hacia el Salón de Protocolos. Antes, sostuvo una breve reunión con Ricardo Monreal, quien más tarde se encargaría de justificar su salto de la Fiscalía a la diplomacia como un “cierre de ciclo” acordado en buenos términos.
La comparecencia fue un trámite. Con la ausencia del PAN y el silencio cómplice del PRI, el exfiscal no encontró resistencia. Solo el senador Luis Donaldo Colosio intentó introducir un matiz crítico al recordar el contexto en el que se dio su salida de la Fiscalía y el impacto que eso podría tener en la credibilidad del Estado mexicano ante el Reino Unido. La pregunta quedó flotando. La respuesta, diluida en generalidades.
Gertz Manero agradeció a la presidenta Claudia Sheinbaum su nombramiento, prometió “hacerlo bien” y aseguró que rendirá cuentas. Cuatro minutos de exposición y diez de respuestas bastaron para que la Comisión lo avalara con 10 votos a favor y una abstención. El mensaje fue claro: la ratificación estaba decidida desde antes de iniciar.
El contraste entre la rapidez del proceso y el peso del personaje resulta inevitable. A sus 86 años, Gertz Manero carga una trayectoria extensa, marcada por su paso por gobiernos priistas, perredistas, panistas y ahora morenistas. También deja atrás una gestión en la Fiscalía General de la República severamente cuestionada por el manejo de casos emblemáticos como Ayotzinapa, el llamado huachicol fiscal, el expediente Wallace y el prolongado proceso contra Israel Vallarta.
Nada de eso fue obstáculo. Para los legisladores de Morena, bastó con que no existan sentencias en su contra. “Son dichos”, resumió la senadora Verónica Camino Farjat, al descartar cualquier señalamiento. La legalidad formal sustituyó al debate político y ético.
El respaldo se extendió incluso al argumento de que no es necesaria una carrera diplomática para representar al país. “Ha pasado en todos los sexenios”, justificaron. La normalización del reparto de embajadas como premio político volvió a imponerse.
Al final, Gertz Manero salió del salón entre risas, fotos y apretones de mano. Legisladoras pidieron selfies. Nadie lo detuvo para preguntarle por su salida anticipada de la Fiscalía, ni por las investigaciones inconclusas, ni por las críticas que marcaron su gestión. A las preguntas de la prensa respondió con silencio.
El próximo lunes, la Comisión Permanente formalizará su nombramiento. Así, sin sobresaltos, sin debate real y sin rendición de cuentas, el exfiscal cruzará del aparato de justicia al servicio exterior.
La escena deja una postal clara: En el Congreso, la política volvió a imponerse sobre la memoria, y la diplomacia se convirtió, una vez más, en refugio de salida para figuras incómodas.
Escondiendo a los chicuelos malos que se portaron mal; además, se han pasado de austeros con sus camionetitas de 1.7 millones de pesos, ¡así los morenistas!
Humildemente llegó a ver a los de su bancada, quienes lo van a proteger de todo con una capa diplomática. ¡Puras vergüenzas!
