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De la Redacción

El Buen Tono

CÓRDOBA.- La incapacidad de Manuel Alonso Cerezo para gobernar Córdoba queda cada vez más expuesta. Lejos de resolver problemas, ordenar su administración o rendir cuentas, el alcalde ha optado por el camino más fácil para quien no sabe dirigir: confrontar, culpar y descalificar a la prensa que exhibe sus fallas.

El reciente comunicado del ayuntamiento no es una defensa institucional, sino una prueba más del desorden que impera en el gobierno municipal. Un alcalde capaz corrige, explica y asume responsabilidades; Manuel Alonso evade, se esconde detrás de textos ambiguos y permite que su gobierno actúe sin control ni coherencia.

Si el área de Comunicación Social bloquea a periodistas, es porque no existe mando claro. Si se niega el acceso a eventos públicos, es porque el alcalde no gobierna, administra ocurrencias. Y si ante estos hechos no hay sanciones ni explicaciones, el mensaje es contundente: Manuel Alonso no dirige a su equipo o, peor aún, ni siquiera sabe lo que ocurre en su propia administración.

Lo sucedido el 13 de febrero, cuando reporteros fueron excluidos de un evento público, evidenció un gobierno incapaz de garantizar derechos básicos. No fue un error menor, fue la muestra de una administración que opera a la deriva, donde cada área actúa sin reglas claras y el presidente municipal brilla por su ausencia.

El antecedente del 4 de enero, durante el festejo del Día del Periodista, confirmó la misma lógica: un mandatario incapaz de sostener una relación institucional opta por el aplauso fácil y el ataque personal. En lugar de fortalecer el diálogo, prefirió dividir, exhibiendo su incapacidad para convivir con la crítica.

Cuando Manuel Alonso acusa a medios de “desinformar”, lo que realmente hace es confesar su falta de argumentos. Gobernar implica responder con hechos, no con descalificaciones. La confrontación constante no es fortaleza política, es síntoma de debilidad y torpeza administrativa.

Córdoba enfrenta problemas reales que exigen liderazgo, coordinación y responsabilidad. Sin embargo, bajo Manuel Alonso Cerezo, el ayuntamiento se ha convertido en un espacio de confrontación estéril, donde el alcalde demuestra día a día que no sabe gobernar ni tolerar el escrutinio público.

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