SANDRA GONZÁLEZ
EL BUEN TONO
Orizaba.- Prohibir el efectivo no acabará con la informalidad, pero sí podría encarecer la comida y reducir las ganancias de los pequeños comerciantes. Una comisión bancaria del 3 por ciento puede devorar hasta el 40 por ciento de la utilidad neta de un abarrotero, una carga que, de trasladarse a los precios, terminarían pagando los consumidores. Así lo advirtió el economista egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Jorge Alberto Moreno Sánchez, al cuestionar los efectos de la legislación federal que abre la posibilidad de restringir el uso de dinero en efectivo en determinados sectores y obligar a utilizar medios de pago digitales.
El especialista sostuvo que el problema no es la modernización de las transacciones, sino pretender impulsarla sin garantizar condiciones económicas que permitan a los pequeños negocios incorporarse a ese sistema sin sacrificar sus ganancias ni elevar el precio de los productos básicos. Explicó que el costo de aceptar pagos con tarjeta no se limita a las comisiones bancarias. También implica contratar planes de datos móviles, mantener los equipos y sustituirlos cuando dejan de funcionar, gastos que pueden resultar difíciles de absorber para negocios familiares que operan con márgenes reducidos.
En estas condiciones, señaló, la resistencia de algunos comerciantes a utilizar terminales de cobro no responde necesariamente a una falta de voluntad, sino a una inviabilidad económica. Moreno Sánchez advirtió que el impacto podría extenderse a los consumidores, pues los establecimientos tendrían incentivos para trasladar las comisiones al precio de productos de consumo cotidiano, como leche, pollo y huevo. A ello se sumarían las posibles retenciones fiscales automáticas y los cobros por retirar efectivo en cajeros automáticos, consideró que el beneficio de los incrementos al salario.
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