

Córdoba.- Cada 10 de mayo se repiten las mismas historias: la mamá policía, la doctora que salva vidas, la mujer que trabaja entre máquinas o levanta costales. Historias admirables, sí, pero que muchas veces dejan fuera a millones de madres que no salen en fotografías, no reciben reconocimientos y aun así sostienen hogares completos. Porque hay otro tipo de maternidad: la que se vive en silencio. La de la mujer que se despierta antes que todos y duerme al final del día. La que trabaja fuera de casa y al volver empieza otro turno. La que cuida hijos, padres, enfermos, tareas, comida, cuentas y emociones sin recibir sueldo, descanso ni aplausos.
En México, las mujeres dedican el doble de tiempo que los hombres al trabajo no remunerado, según datos de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo del INEGI. Durante 2024, las mexicanas destinaron 66.8 por ciento de su tiempo total de trabajo a labores domésticas y de cuidado no pagadas. Eso significa cocinar, limpiar, cuidar hijos, atender adultos mayores, resolver problemas escolares, emocionales y económicos. Trabajo que sostiene familias enteras, pero que rara vez aparece en estadísticas laborales o discursos oficiales. El propio INEGI estimó que el valor económico del trabajo no remunerado alcanzó los 8 billones de pesos en 2024, equivalente al 23.9 por ciento del Producto Interno Bruto del país. Y más del 72 por ciento de esa carga recayó en mujeres. Pero detrás de las cifras hay algo más difícil de medir: el cansancio.Madres que “descansan” solamente cuando todos duermen.
Mujeres que posponen estudios, empleo, salud o sueños personales porque alguien tiene que cuidar a los demás. Algunas lo hacen acompañadas; muchas otras, completamente solas. En un país donde la informalidad laboral afecta a más de la mitad de las mujeres trabajadoras y donde millones siguen fuera del mercado laboral por responsabilidades de cuidado, la maternidad continúa siendo una carga social profundamente invisibilizada. Y quizá esa es la verdad más dolorosa e incómoda del Día de las Madres: se celebra con flores lo que muchas veces se abandona con políticas públicas. Porque ser madre no debería significar agotamiento permanente. Tampoco renunciar a la propia vida para sostener la de otros.
