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De la Redacción

El Buen Tono

ORIZABA.- La avenida Paseo de las Palmas, en el sur de Orizaba, se ha convertido en el epicentro de una estrategia de seguridad vial que, lejos de ordenar el tránsito, parece operar bajo una lógica de “estrangulamiento económico”. Los operativos implementados por la Policía Vial han dejado de ser herramientas de prevención para transformarse en un obstáculo sistemático que castiga tanto a residentes como a comerciantes. La presencia constante de patrullas no agiliza la circulación, sino que genera un clima de tensión que ha ahuyentado a la clientela, hundiendo las ventas de los negocios locales de esa zona.

La principal denuncia apunta a un afán recaudatorio desmedido que parece tener objetivos políticos y financieros más que de servicio público. Entre los vecinos circula la percepción de que estos dispositivos de “cerco” responden a una urgencia por llenar las arcas municipales, con sospechas que vinculan el rigor de las multas con la recuperación de gastos de la campaña de Hugo Chahín Kuri. Esta interpretación despoja a la corporación de su legitimidad, proyectando la imagen de una autoridad que utiliza la infracción como un impuesto arbitrario sobre la actividad comercial diaria.

El modus operandi de los elementos viales ha sido calificado como un “atrapamiento” táctico: las patrullas se estacionan en los extremos de la cuadra, impidiendo que los vehículos se retiren una vez que se detienen. Esta maniobra de “tapón” imposibilita maniobras básicas como la carga y descarga de mercancía o compras rápidas, convirtiendo cada parada en una multa segura. Para los comerciantes, esto no es ordenamiento, es un hostigamiento sistemático que ignora cualquier criterio de tolerancia o sentido común en la gestión de la vía pública.

La voracidad de los operativos ha llegado a extremos de insensibilidad social al afectar incluso las labores de asistencia. Ciudadanos indican que automovilistas que acuden a entregar víveres y donativos a la casa hogar de la zona han sido sancionados a pesar de realizar paradas momentáneas. Este rigorismo ciego demuestra que para la Policía Vial no existen excepciones humanas ni causas sociales; el objetivo único es la boleta de infracción, lo que evidencia una deshumanización de la función pública en favor de la corrupción.

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