AGENCIA
Ciudad de México.- Al menos 4 mil bebés menores de un año murieron en hospitales del sistema de salud pública de México entre 2015 y 2025 en casos donde también se documentó la presencia de alguna infección adquirida durante la atención hospitalaria. Las cifras oficiales evidencian un problema de salud pública que especialistas consideran mucho más amplio de lo que permiten observar los registros disponibles.
La información, obtenida de los registros de egresos hospitalarios de la Secretaría de Salud federal, muestra que las infecciones nosocomiales estuvieron presentes en fallecimientos relacionados con prematurez, bajo peso al nacer, dificultades respiratorias, sepsis bacteriana y otras complicaciones del periodo neonatal.
Sin embargo, los datos tienen una limitación importante: no permiten establecer si la infección adquirida en el hospital fue la causa directa del fallecimiento, si agravó el estado de salud del menor o si se presentó como una complicación adicional.
Entre los padecimientos que concentraron más defunciones con presencia documentada de infecciones hospitalarias destaca la sepsis bacteriana del recién nacido, con 702 fallecimientos. Le siguen los trastornos relacionados con la corta duración de la gestación y el bajo peso al nacer, con 589; las dificultades respiratorias neonatales, con 301; los cuadros de choque, con 201; otras afecciones del periodo perinatal, con 127, y otras formas de sepsis, con 55.
Uno de los datos más preocupantes corresponde a la sepsis bacteriana neonatal. De acuerdo con los registros, el 80 por ciento de los fallecimientos ocurrió durante los primeros siete días de vida, etapa en la que los recién nacidos presentan mayor vulnerabilidad debido a la inmadurez de su sistema inmunológico.
La Secretaría de Salud reconoció que sus registros no permiten determinar si las infecciones eran previas al ingreso hospitalario o fueron adquiridas durante la atención médica. No obstante, los datos muestran diferencias importantes en la proporción de fallecimientos cuando existió una infección nosocomial documentada.
En los casos de sepsis bacteriana neonatal, la proporción de defunciones fue de 17.1 por ciento entre los pacientes con infección hospitalaria registrada, frente a 6.1 por ciento en aquellos sin ese antecedente.
En los cuadros de choque, la diferencia también fue significativa: la proporción de fallecimientos alcanzó 87.1 por ciento cuando existió una infección nosocomial, frente a 73.6 por ciento cuando no se documentó.
Las infecciones también estuvieron presentes en 351 fallecimientos de menores de un año por neumonía bacteriana registrados entre 2015 y 2025. Sin embargo, únicamente en 20 casos quedó documentada su relación con una infección adquirida en el hospital.
Este dato cobra relevancia por los recientes fallecimientos de bebés en unidades de cuidados intensivos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Jalisco y Durango, relacionados con brotes de Klebsiella pneumoniae, una bacteria que puede provocar infecciones graves y que representa un riesgo particular para pacientes vulnerables.
Especialistas advierten que las cifras podrían ser mayores
Para el infectólogo y científico Alejandro Macías, los registros oficiales representan apenas una parte del problema. Consideró que el sistema de salud mexicano no cuenta con mecanismos suficientes para documentar todas las infecciones hospitalarias y determinar con precisión cuántas muertes están relacionadas con ellas.
El especialista explicó que algunos fallecimientos de recién nacidos se registran como consecuencia de prematurez, aunque detrás de la complicación también pudo existir una infección en la sangre, conocida como bacteriemia.
Por ello, consideró que los casos que recientemente salieron a la luz en hospitales del IMSS representan apenas la punta del iceberg de una problemática acumulada durante años.
Macías también señaló prácticas que incrementan los riesgos dentro de las unidades de terapia neonatal, como compartir frascos de soluciones inyectables entre pacientes, debido a que los recién nacidos requieren cantidades mucho menores que los adultos.
Advirtió que para reducir estos riesgos se necesita capacitación permanente del personal, disponibilidad suficiente de insumos médicos y vigilancia epidemiológica efectiva, además de procedimientos estrictos para evitar la transmisión de bacterias.
El especialista sostuvo que la precariedad del sistema sanitario es uno de los factores estructurales que contribuyen a la mortalidad infantil y consideró necesario incrementar progresivamente el presupuesto destinado a la salud.
Recién nacidos, los más vulnerables
La infectóloga pediatra Rosa María Wong Chew, directora de la Subdirección de Investigación Clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó que los recién nacidos internados en unidades de cuidados intensivos enfrentan condiciones que incrementan considerablemente el riesgo de contraer infecciones.
Entre los principales factores se encuentran la inmadurez de su sistema inmunológico y la necesidad de procedimientos invasivos, como la colocación de catéteres venosos centrales para administrar medicamentos y nutrición parenteral, así como el uso de ventilación mecánica.
La especialista también explicó que los hospitales concentran microorganismos capaces de formar comunidades bacterianas sobre distintas superficies, conocidas como biopelículas o biofilms, que pueden favorecer la persistencia de bacterias y dificultar su eliminación.
A este escenario se suma la resistencia antimicrobiana, un problema que se ha agravado por el uso inadecuado de antibióticos, incluso en infecciones que no requerían este tipo de medicamentos.
Un problema que rebasa a las administraciones
La Secretaría de Salud federal informó que las acciones para prevenir y controlar las infecciones asociadas a la atención médica comenzaron antes de los recientes fallecimientos registrados en hospitales de Jalisco y Durango.
Entre las medidas mencionadas está la actualización de la Norma Oficial Mexicana NOM-045, que contempla lineamientos de higiene de manos, vigilancia epidemiológica, uso adecuado de antimicrobianos y medidas preventivas específicas para la atención de recién nacidos y niños.
No obstante, las cifras de los últimos 11 años muestran que las infecciones hospitalarias continúan siendo un factor presente en miles de fallecimientos de menores de un año dentro de las instituciones públicas.
El panorama también refleja el rezago de México frente a otros países. De acuerdo con los datos citados por el especialista Alejandro Macías, la tasa de mortalidad infantil nacional es de 11.9 por cada mil nacidos vivos, superior al promedio de cuatro por cada mil registrado en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
En América Latina, México también supera los indicadores de Chile, con 6.1 muertes por cada mil nacidos vivos, y Argentina, con 8.3. En contraste, se encuentra por debajo de Brasil, con 12.6; Perú, con 16, y Colombia, con 16.8.
Más allá de las estadísticas, el problema expone las condiciones de vulnerabilidad de los pacientes más pequeños dentro de los hospitales públicos. La falta de información precisa, las deficiencias en los mecanismos de vigilancia y los riesgos asociados a la atención neonatal plantean cuestionamientos sobre la capacidad del sistema de salud para garantizar condiciones seguras a los recién nacidos.
Aunque no todas las infecciones hospitalarias provocan la muerte, su presencia en pacientes prematuros o con complicaciones graves puede representar un riesgo adicional. Para los especialistas, reducir estos fallecimientos exige algo más que actualizar normas: se necesitan recursos, personal capacitado, vigilancia efectiva y protocolos que se cumplan en cada unidad médica.
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