

AGENCIA
Ciudad de México.- La inflación continúa apretando el bolsillo de las familias mexicanas y el ejemplo más claro está en la cocina diaria. El jitomate, uno de los productos básicos en la alimentación, se ha convertido nuevamente en un reflejo del deterioro económico, al mantenerse en niveles elevados que impactan directamente el gasto cotidiano.
De acuerdo con el reporte “Quién es Quién en los Precios” de la Procuraduría Federal del Consumidor, el jitomate saladet registró un precio promedio nacional de 41.09 pesos por kilogramo entre el 17 y el 20 de marzo, una cifra que confirma que el alivio para los consumidores sigue sin llegar.
Este producto forma parte de la canasta PACIC, referencia oficial para medir el costo de los alimentos básicos en un hogar promedio. Aunque no es el artículo más caro, sí es uno de los más consumidos, por lo que su encarecimiento tiene un efecto inmediato en la economía familiar.
El problema no es solo el precio elevado, sino la desigualdad en su costo. Mientras en algunas regiones se vende por debajo de los 25 pesos, en otras alcanza casi los 50 pesos por kilo. Esta disparidad deja al consumidor en una situación de desventaja, dependiendo del lugar donde compre, evidenciando un mercado sin control real.
La situación se agrava al observar el costo total de la canasta básica. Aunque el objetivo oficial es de 910 pesos, los precios reales muestran otra cara: van desde los 772.60 hasta los 966.20 pesos, una diferencia de casi 200 pesos que representa un golpe directo para los hogares con ingresos limitados.
En los hechos, esto significa que a millones de familias ya no les alcanza. Preparar alimentos básicos como una salsa o un guiso se ha vuelto más costoso, sin que exista un ajuste proporcional en los ingresos. El aumento constante en productos esenciales está erosionando el poder adquisitivo, mientras el discurso oficial insiste en una estabilidad que no se percibe en los mercados.
El jitomate, presente prácticamente en cada comida, se ha convertido en un símbolo de esta crisis silenciosa. No se trata solo de un aumento en el precio, sino de una señal clara de que el costo de vivir en México sigue en ascenso, obligando a las familias a recortar gastos, sustituir alimentos o simplemente consumir menos.
En medio de este escenario, la pregunta persiste: ¿Hasta cuándo podrán sostenerse los hogares mexicanos frente a una inflación que no cede y que cada día hace más difícil llevar comida a la mesa?
El dar dinero es crear la ilusion de ayuda, bajar los precios de la canasta básica es lo que deberían hacer.
La pregunta no es cómo pagas… Es cuánto te queda después, la inflación ya no es percepción…
es realidad diaria.
