

Alejandro Aguilar
El Buen Tono
Córdoba.- A sus 44 años, José Luis Valerio Rodríguez enfrenta el asfalto y la vida con una sola pierna, pero con una determinación inquebrantable. Su taxi, adaptado a sus necesidades, es el vehículo de su superación diaria.
La rutina de José Luis Valerio Rodríguez comienza cada mañana en el asiento de conductor de su taxi. Con 44 años, este hombre serio y de hablar pausado realiza su oficio con la misma destreza que cualquiera, con una diferencia fundamental: hace dos años y medio una infección que derivó en gangrena le costó la pierna derecha. Desde entonces, no sólo aprendió a vivir con una discapacidad, sino que se rehízo en el mismo volante que siempre manejó.
“Gracias a (mi familia) estoy acá, trabajando y echándole ganas a la vida”, afirma José Luis, quien encontró en su círculo íntimo el pilar para reponerse del duro golpe emocional que supuso la amputación. “Sí, porque son muchos cambios… ya no podemos hacer muchas de las cosas y nos cuesta”, reconoce con honestidad.
Sin embargo, el camino de regreso no fue fácil. La discriminación laboral se presentó como un obstáculo más tangible que su propia condición. “Aquí hay mucha discriminación todavía en el día de ahora”, denuncia. “Muchas de las personas buscan y te cierran las puertas”. Comenta que algunos potenciales empleadores asumen que, al faltarle una extremidad, “ya no puedo laburar, ya no puedo ayudar”.
Fue en su oficio de siempre, el de taxista, donde halló la oportunidad de salir adelante. Con el apoyo incondicional de sus compañeros de la base “Platino”, como Ignacio, Alejandro o el del número 72, quienes lo auxilian ante un pinchazo o una avería, José Luis readaptó su mundo. Su vehículo fue modificado: una palanca especial para los cambios reemplaza el pedal del clutch, que opera con la mano, mientras que el acelerador y el freno son manejados con su pierna izquierda. “Cuesta, me cuesta un poco, pero sí lo hago”, admite con una tenacidad que define su carácter.
Incluso en la calle, enfrenta prejuicios. Relata que, algunos clientes al ver que debe bajar con muletas para abrir la cajuela, desisten y se van. Pero él prefiere enfocarse en lo positivo: “Gracias a Dios he encontrado con muchas personas que sí, sí se suben”.
Consultado sobre si se considera un ejemplo, su respuesta es humilde pero poderosa: “No un ejemplo, pero hay que seguir en la vida echándole ganas y el único que nos puede parar es Dios”. Su filosofía de vida es un mensaje claro para todos: “Todo se puede en esta vida, lo único que no se puede es dejar de correr… Echándole ganas y queriendo se puede todo”.
José Luis Valerio no pide limosna, pide oportunidad.
Conduciendo su taxi adaptado, recorre la ciudad demostrando que las mayores barreras no están en el camino, sino en la mente, y que con esfuerzo y valor, se puede seguir avanzando, kilómetro a kilómetro.
