AGENCIA
Ciudad de México.- Discreto, alejado de los reflectores y con una influencia que pocos funcionarios alcanzaron durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, el general retirado Audomaro Martínez Zapata se convirtió en una de las figuras más poderosas dentro de la estructura de seguridad nacional y en uno de los hombres de mayor confianza del expresidente.
Formado en inteligencia militar y con una relación cercana a López Obrador desde hace décadas, Audomaro fue considerado por diversos analistas y observadores políticos como una pieza clave en el proceso de militarización de la seguridad pública impulsado durante la administración federal anterior.
Su cercanía con el entonces mandatario se remonta a las campañas presidenciales de 2006 y 2012, cuando fungió como responsable de su seguridad personal. Tras el triunfo electoral de Morena en 2018, fue designado al frente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), organismo que sustituyó al extinto CISEN y que concentra tareas estratégicas de inteligencia y seguridad nacional.
Desde esa posición, Martínez Zapata participó en las reuniones diarias del gabinete de seguridad y tuvo acceso a información sensible relacionada con la delincuencia organizada, la seguridad interior y los riesgos para la gobernabilidad del país. Diversas publicaciones lo describieron como uno de los funcionarios con mayor influencia en la toma de decisiones en materia de seguridad durante el sexenio obradorista.
Su nombre también ha sido vinculado a decisiones relevantes dentro de las Fuerzas Armadas. Diversos analistas sostienen que fue uno de los principales impulsores del fortalecimiento del papel del Ejército y la Marina en tareas de seguridad pública, una estrategia que marcó el sexenio de López Obrador y que generó intensos debates entre especialistas, organizaciones civiles y sectores de oposición.
Sin embargo, su trayectoria no ha estado exenta de cuestionamientos. En años recientes, actores políticos de oposición han señalado presuntas omisiones del Centro Nacional de Inteligencia frente a informes relacionados con grupos criminales que operaban en Tabasco, entidad de la que también es originario el general retirado. Estas acusaciones surgieron en medio de investigaciones y controversias sobre presuntos vínculos entre funcionarios locales y organizaciones delictivas.
Asimismo, su gestión al frente del CNI fue objeto de críticas por parte de sectores que cuestionaron la concentración de poder en organismos de inteligencia y el creciente protagonismo de las Fuerzas Armadas en áreas tradicionalmente reservadas para autoridades civiles.
A pesar de mantener un bajo perfil público, Audomaro Martínez fue considerado durante años uno de los personajes más influyentes del círculo cercano de López Obrador. Su paso por el Centro Nacional de Inteligencia lo colocó en el centro de decisiones estratégicas sobre seguridad, inteligencia y combate al crimen organizado.
Hoy, con el cambio de administración y el relevo en las estructuras de seguridad federal, el nombre de Audomaro Martínez continúa apareciendo en investigaciones periodísticas y debates políticos sobre el legado de la estrategia de seguridad implementada durante el gobierno de la llamada Cuarta Transformación. Su figura sigue representando uno de los capítulos más controvertidos y menos visibles del aparato de inteligencia construido durante el obradorismo.
