De la redacción
El Buen Tono
Diversas investigaciones internacionales concluyen que las escuelas militarizadas pueden mejorar la disciplina, el autocontrol y el trabajo en equipo entre los estudiantes, aunque esos beneficios no necesariamente compensan las posibles afectaciones en el desarrollo personal, el pensamiento crítico y la libertad de expresión.
Uno de los casos más analizados es el de Brasil, donde desde 2019 se impulsó el Programa Nacional de Escuelas Cívico-Militares. En el estado de Goiás, pionero en este modelo, 60 planteles atienden a más de 66 mil estudiantes.
Un estudio encabezado por Jevuks Matheus de Araújo, de la Universidad Federal de Paraíba, encontró una disminución significativa de amenazas contra el personal escolar, robos y la presencia de alcohol, drogas y armas dentro de las escuelas, además de una mejora en el ambiente educativo y el rendimiento académico.
No obstante, los investigadores advierten que aún es necesario evaluar los efectos a largo plazo, especialmente en aspectos como las habilidades socioemocionales, la educación cívica y la autonomía de los estudiantes.
Especialistas críticos del modelo sostienen que la militarización puede fomentar un entorno de control social, limitar la libertad de expresión y restringir el pensamiento crítico, además de influir en los valores y creencias de los alumnos mediante una disciplina rígida.
En contraste, otros académicos consideran que el énfasis en la disciplina, el respeto a la jerarquía, la responsabilidad y el cumplimiento de normas puede fortalecer habilidades como la autodisciplina, la organización, la gestión del tiempo y el trabajo en equipo.
En Estados Unidos, donde este tipo de programas tiene décadas de existencia, diversas investigaciones han señalado que iniciativas como el Junior Reserve Officers’ Training Corps (JROTC) ayudan a reducir la deserción escolar y mejorar la asistencia. Sin embargo, también se ha observado que quienes participan tienen mayores probabilidades de incorporarse a las fuerzas armadas y menores tasas de ingreso a instituciones de educación superior, lo que mantiene abierto el debate sobre el verdadero propósito y los efectos de la militarización en la educación.
