EL BUEN TONO
Orizaba, Ver.- La Delegación Regional de Programas para el Bienestar en Orizaba se mantiene con un escándalo interno, que se agravó tras la insólita y deficiente respuesta de su directora, Itzel López López. Después de guardar un silencio cómplice durante días, la exdiputada local optó por romper el mutismo no con datos ni deslindes, sino con un discurso autocomplaciente que funciona más como un escudo mediático que como un ejercicio de rendición de cuentas.
En su comunicado, titulado “A la opinión pública”, la funcionaria despliega una narrativa digna del manual político, el de la víctima perseguida. En lugar de abordar frontalmente las graves acusaciones que la señalan por hostigamiento laboral, abuso de autoridad, nepotismo y, lo más delicado, el presunto uso indebido de datos personales de los beneficiarios, López López dedicó la mayor parte de su texto a construir una biografía personal.
Su estrategia es transparente y, por desgracia, predecible: desacreditar a las víctimas calificando sus denuncias como parte de una “campaña de desprestigio” orquestada en redes sociales. Este recurso, ya gastado por otros funcionarios cuando son acorralados por la evidencia, busca instalar la idea de que los trabajadores que alzan la voz no son sujetos de derecho con quejas legítimas, sino piezas de un complot. Una maniobra que pretende invertir los papeles: El denunciante se convierte en agresor, y la denunciada, en mártir de la “transformación”.

