De la Redacción
El Buen Tono
Córdoba. – Con el templo repleto de feligreses que acudieron para despedir el 2025 y encomendar el año entrante, el presbítero Lázaro José Prado Evangelista ofició la misa de Fin de Año en la parroquia San Juan Bosco. En una homilía cargada de reflexión y esperanza, el sacerdote centró su mensaje en un llamado urgente y fundamental: cultivar la gratitud como eje de la vida cristiana y personal.
El padre Lázaro ofreció una perspectiva espiritual profunda sobre el paso del tiempo. “Este pasar de un momento a otro, decimos que terminamos un año y por gracia de Dios iniciamos otro”, reflexionó, para luego añadir: “Este paso, o esta Pascua, también le podemos llamar, se da dentro de esta festividad del Nacimiento del Señor. Y es aquí donde nos disponemos a ser agradecidos con el Señor”.
El párroco enfatizó que la gratitud no es un sentimiento ocasional, sino un elemento constitutivo de la existencia. “Un elemento que no debe faltar en nuestra vida, en tu vocabulario, en tus intenciones, es ser agradecidos”, aseveró con convicción, dirigiéndose a cada persona presente. En un mundo a menudo marcado por la queja y la insatisfacción, presentó el agradecimiento como un acto de fe y reconocimiento de la presencia activa de Dios en el camino diario.
El mensaje tuvo dos momentos culminantes. Primero, una acción de gracias por el trayecto recorrido: “Gracias porque seguimos en el camino”, dijo, recordando la fidelidad divina. Luego señaló: “También es muy bueno que ahora, en el inicio de un nuevo año, nos encomendemos a la misericordia del Señor”. De este modo, unió en un mismo gesto espiritual el agradecimiento por lo vivido y la confianza plena para lo por venir.
La celebración, que integró cantos de esperanza y momentos de oración silenciosa, concluyó con un ambiente de serena alegría y propósito renovado. Los asistentes salieron del templo no solo con el espíritu de Año Nuevo, sino con una consigna clara: hacer de 2026 un año donde la gratitud sea el lenguaje primero y la misericordia de Dios, el refugio constante.


