

De la redacción
El Buen Tono
En el corazón del Ciudad de México, especialmente en el Centro Histórico de la Ciudad de México, existen calles cuyos nombres guardan una relación directa con una de las industrias más importantes del país a finales del siglo XIX y principios del XX: la antigua fábrica cigarrera “El Buen Tono”.
La calle Ernesto Pugibet y la calle Buen Tono no solo son vialidades del primer cuadro capitalino, sino también un recuerdo vivo de la historia de una empresa que marcó época. Ernesto Pugibet, empresario de origen francés, llegó a México tras su paso por Cuba, donde aprendió técnicas relacionadas con el cultivo y manufactura del tabaco. Con ese conocimiento fundó en México la compañía cigarrera El Buen Tono, que comenzó como un pequeño negocio familiar.
El proyecto creció rápidamente gracias al respaldo de su entorno y a la expansión del mercado. Inicialmente operaba en el Centro Histórico, pero más tarde se consolidó con la adquisición de terrenos donde se levantó una gran fábrica en la zona de San Juan, lo que hoy corresponde al cruce de las calles Ernesto Pugibet y Buen Tono.
Durante su desarrollo, la empresa incorporó tecnología avanzada para la época, como la máquina “Decouflé”, que permitió fabricar cigarros sin pegamento, convirtiéndose en una innovación clave en la industria. Este avance impulsó su crecimiento y su expansión internacional.
La compañía también destacó por sus estrategias publicitarias, incluyendo historietas y anuncios en medios impresos, además de una fuerte presencia visual en la capital. Su influencia fue tal que incluso contribuyó al desarrollo urbano de la zona, con la construcción de viviendas para trabajadores, espacios comunitarios y una iglesia.
En su época de mayor auge, la empresa llegó a tener un capital de varios millones de pesos y evolucionó hasta convertirse en la Compañía Manufacturera de Cigarros sin Pegamento El Buen Tono S. A., consolidándose como una de las más importantes del país.
Tras la muerte de Pugibet en 1915, la compañía continuó operando y modernizándose. En la década de 1920 incluso impulsó la radiodifusora CYB, actualmente conocida como XEB, como parte de su estrategia de difusión.
Finalmente, en 1961, la empresa cerró sus operaciones durante el gobierno de Adolfo López Mateos, y sus activos fueron adquiridos por Tabacalera Mexicana, hoy parte de Grupo Carso. En el lugar donde alguna vez estuvo su gran complejo industrial, hoy se encuentran instalaciones de Telmex, oficinas del Sistema de Transporte Colectivo Metro de la Ciudad de México y otros espacios urbanos que mantienen viva la memoria de su legado.
