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De la redacción
El Buen Tono

La histórica pastelería Embassy de Madrid, fundada en 1931, cerró de manera definitiva tras meses de incertidumbre financiera. La empresa bajó la persiana de sus seis locales el pasado mes de marzo y, aunque sus propietarios confiaban en una posible reapertura, la falta de financiación terminó por sellar su destino.

El cierre dejó sin empleo a cerca de 50 trabajadores, muchos de ellos con más de 30 años de antigüedad, quienes denunciaron impagos salariales y un trato deficiente durante los últimos meses de operación. De acuerdo con sus testimonios, los sueldos comenzaron a pagarse de forma fragmentada o, en algunos casos, dejaron de cubrirse por completo, situación que los llevó a recurrir a instancias judiciales.

La empresa ya arrastraba dificultades desde 2017, cuando cerró su emblemático salón de té ubicado en el Paseo de la Castellana, un espacio que durante décadas fue referencia del Madrid cosmopolita. A partir de ese momento, el negocio no logró recuperarse del impacto de la pandemia, el aumento de los costes energéticos y laborales, así como del encarecimiento de las materias primas.

Los propietarios señalaron la falta de liquidez y la caída de las ventas como las causas principales del cierre definitivo. Sin embargo, los empleados también responsabilizaron a la dirección, a la que acusaron de intentar reducir gastos mediante la contratación de personal sin formación suficiente y de expandir la cadena más allá de lo que permitía su nivel real de ingresos.

A finales de julio, los trabajadores recibieron las cartas de despido tras varios meses sin cobrar, y ahora preparan demandas por despido improcedente, además de las ya iniciadas por adeudos salariales.

Embassy no fue solo una confitería. Fundada por la británica Margarita Kearney Taylor en 1931, se convirtió en un punto de encuentro habitual de diplomáticos, intelectuales y visitantes extranjeros, con un ambiente inspirado en los salones londinenses. Durante la Segunda Guerra Mundial, incluso fue escenario de intrigas y encuentros entre espías aliados y nazis en pleno Madrid.

Su prestigio se mantuvo durante décadas gracias a una gestión cuidadosa que formó parte de la memoria colectiva de la ciudad, con productos emblemáticos como su tarta de limón y merengue y sus tradicionales emparedados. No obstante, tras el fallecimiento de la segunda generación de propietarios comenzó un declive que se hizo irreversible con el paso del tiempo.

Con el cierre definitivo de Embassy, Madrid pierde no solo una pastelería histórica, sino uno de los símbolos más reconocibles de su vida social y cultural del siglo XX.

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