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EL BUEN TONO

Región.- La exalcaldesa de Córdoba, Leticia López Landero, recorre municipios de la región simulando gestión social mientras arrastra un historial de corrupción que los cordobeses no olvidan. Sus visitas, documentadas en redes sociales, son actos proselitistas encaminados a las elecciones de 2027.

La ciudadanía tiene muy presente el caso más grave de su administración fue la compra de las llamadas “torres de vigilancia” por casi 8 millones de pesos a la empresa Antonidas S.A. de C.V.. Las torres no eran blindadas, sino de lámina y material reconstruido. El 22 de febrero de 2020, una de ellas fue atacada a balazos en el bulevar Córdoba-Fortín. Dos policías municipales que se encontraban dentro fueron asesinados. Ese mismo día, otros dos policías perdieron la vida en otro ataque. Cuatro uniformados muertos.

López Landero se presentó al homenaje póstumo de los policías, montó un show y se llenó la boca presumiendo las torres. Pero las torres no protegieron a los agentes. La auditoría del ORFIS reveló que no figuran en el inventario municipal. El caso quedó impune. El secretario de Gobierno de Veracruz, Eric Cisneros Burgos, amigo de la exalcaldesa, dio la orden de archivar la investigación en el ORFIS, el IVAI y la Fiscalía.

El ORFIS impuso una reserva de tres años sobre la investigación, que venció en enero de 2026. La información ya debe ser pública, pero López Landero sigue paseándose sin culpa por las calles de Córdoba.

La percepción ciudadana es clara: es señalada como la alcaldesa más corrupta de Veracruz. El paso a desnivel que costó 66 millones de pesos es considerado un fraude por los ciudadanos. El ORFIS le detectó 21 observaciones con un presunto daño patrimonial de 107 millones de pesos.

Ahora, su hijo Isaac Eduardo Luz López, actual presidente del Comité Municipal del PAN en Córdoba, enfrenta un amparo para evadir una orden de aprehensión por corrupción. La militancia panista lo rechaza y advierte que su nombre está ligado al periodo más corrupto de la administración local.

La red se extiende con Marcos Galicia, quien opera en el Partido del Trabajo sin nombramiento oficial, desde una oficina sobre la ex vía del Huatusquito, donde distribuye medicamentos sin explicar el origen de los recursos.

Los cordobeses ya conocen a los López Landero. No les creen. Sus recorridos no son gestión, son compra de votos. Su hijo no es un político, es un investigado por corrupción. Sus torres no eran blindadas, eran chatarra. Y los policías muertos siguen sin justicia.

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