

De la redacción
El Buen Tono
Durante miles de años, la humanidad creyó conocer la Luna en su totalidad al observar siempre la misma cara visible desde la Tierra. Sin embargo, nuevas imágenes difundidas en el marco de la misión NASA y el sobrevuelo de Artemis II han mostrado con mayor detalle el llamado lado oculto del satélite natural, un hemisferio que ha permanecido fuera de la observación directa durante siglos.
A diferencia del lado visible, caracterizado por amplias planicies oscuras de basalto conocidas como “mares lunares”, la cara oculta presenta una superficie mucho más rugosa, saturada de cráteres y con una corteza más gruesa. Este contraste geológico ha llamado la atención de los científicos, ya que funciona como un registro casi intacto de los impactos de asteroides ocurridos en los primeros tiempos del sistema solar.
De acuerdo con las descripciones compartidas por astronautas de la misión, la región observada desde la nave Orión resulta impactante por su oscuridad visual desde el espacio, descrita como un entorno “totalmente negro” en ciertos ángulos, además de un terreno extremadamente accidentado que muestra distintas tonalidades en zonas elevadas.
Durante el paso orbital, la tripulación también experimentó la pérdida total de comunicación con la Tierra debido a la masa lunar, que bloquea señales de radio, televisión y sistemas de navegación. Este fenómeno convirtió el trayecto en uno de los momentos de mayor aislamiento en la exploración espacial moderna, conocido históricamente como “la soledad definitiva” desde las misiones Apolo, en especial desde Apollo 17, la última expedición tripulada a la Luna en 1972.
En testimonios difundidos desde la misión, los astronautas describieron la experiencia como profundamente impactante, destacando la sensación de pequeñez al observar simultáneamente la Tierra y la Luna desde el espacio profundo, así como la dificultad para mantener la noción del tiempo durante el viaje.
Uno de los momentos más emotivos de la misión ocurrió cuando la tripulación nombró un cráter recientemente observado como “Carroll”, en homenaje a un ser querido del comandante de la nave. Este gesto fue realizado durante el sobrevuelo lunar, en una etapa en la que la misión alcanzó la mayor distancia de la Tierra registrada por una tripulación en décadas.
Con estas observaciones, la exploración de la cara oculta de la Luna deja de ser un misterio absoluto y se convierte en un nuevo campo de estudio científico que podría revelar información clave sobre la formación del sistema solar y el pasado geológico del satélite terrestre.
