Por Andrés Timoteo /  columnista

LA SANTA FUSTA

Milenaria, vetusta, impávida, pocas veces dignificante de la encomienda cristológica y en algunos episodios hasta complaciente y cómplice de lo indebido, la jerarquía católica sigue como ineludible poder alterno al político.  Se integrantes, el alto clero, tiene voz resonante y a veces derrocadora frente a sus alter ego, los gobernantes mundanos, sean reyes, como en la antigüedad, o presidentes como en el presente y así como los demás mandatarios menores.

Su crítica explícita es poco común y cuando se llega a dar muchos prenden las alertas porque puede alborotar las almas -léase: la plebe- contra el régimen en turno. Y en Veracruz ya sacaron la santa fusta y le asentaron sendos varazos a los que conforman el Gobierno Estatal. Con un lenguaje duro, la Arquidiócesis de Xalapa hace el resumen de lo que acontece en la entidad: violencia escandalosa, crisis jurídica e institucional y doble realidad, la que cuentan los funcionarios y la que vive el pueblo.

En el comunicado dominical, firmado por el vocero diocesano, José Manuel Suazo Reyes, la Iglesia inicia su cuestionamiento porque se incumplió el compromiso de “disminuir la gran deuda social (inseguridad, violencia, pobreza extrema, salud, educación y desempleo”, pero ancla la crítica más fuerte en la crisis de seguridad que no ha menguado “ni siquiera con la presencia de la Guardia Nacional”.

Cita las masacres en el Sur del estado -la de Viernes Santo en Minatitlán y la del bar “El Caballo Blanco” en Coatzacoalcos”- como ejemplo del fracaso de la Guardia Nacional. “El número de víctimas de la violencia es también escandaloso. Las víctimas no sólo son los fallecidos, también están los de-saparecidos, los hijos que se quedan huérfanos y el ambiente traumático que viven todos los afectados”, agrega.

La sede diocesana resalta también el tema de la salud por la falta de hospitales, desabasto de medicinas y la mala calidad en la atención, y ahí asesta un fustazo doloroso al llamar –sin mencionar directamente el adjetivo- mentiroso al gobernante y sus funcionarios que hablan de una realidad ajena al pueblo.

“Los discursos oficiales contrastan con la realidad que vive la gente todos los días. Pareciera que estamos ante una doble realidad, la que se dice a nivel oficial y la que enfrenta la gente” apuntilla y remuele con “no por mucho repetir una cosa se transformará la vida de la gente”. Literalmente expone que en Veracruz están aplicando la teoría del comunicólogo del nazismo, Joseph Goebbels quien pregonaba que una mentira repetida mil veces se convierte en realidad.

El tercer latigazo lo da en el tema de la remoción “temporal” del Fiscal del Estado ordenada por la Diputación Permanente en el Congreso local el martes de la semana pasada. La Diócesis xalapeña habla de que a Veracruz lo llevaron a “una crisis jurídica e institucional” y se pronuncia porque los tribunales resuelvan el entuerto ya que “para ello contamos con la Constitución y por eso creemos también que nadie puede estar fuera o por encima de la Ley”.

Palabras más, palabras menos, el clero católico pone en duda la legalidad de lo que se hizo en el Congreso local y se pronuncia por la interpretación del pliego constitucional. Y como se decía al inicio, rara vez la Iglesia Católica se pronuncia abiertamente sobre una situación política y ahora en lugar de respaldar al Gobierno en turno -como lo había hecho en los últimos sexenios- lo agarra a varazos. De ese tamaño debe ser el tiradero.

SEGUNDO LATIGAZO

No es la primera vez que el arzobispo Hipólito Reyes Larios saca el látigo bendito contra el Gobierno estatal, pues ya el domingo 10 de febrero, poco más de dos meses de haber iniciado la administración cuitlahuista, lo zarandeó en otro comunicado. Entre los cates que le dio en aquella ocasión están señalamientos flamígeros como “la gente se ilusionó del nuevo Gobierno; sin embargo, a medida que pasan los días se van acumulando algunos fracasos”.

“Hay muchas cabezas -mandos- y torpezas”. “No estamos para improvisaciones”. “Algunos ‘recomendados’ no están funcionando”. “Se observa falta de oficio político y un ambiente enrarecido”. En ese entonces, hace siete meses, la Arquidiócesis ya daba una lista del saldo de la violencia en nuevo Gobierno: 300 homicidios acumulados, 30 feminicidios y 70 secuestros.

Y cerraba el comunicado con cuatro frases flanqueadas de signos de exclamación para dejar claro que eran gritos: ¡Ya no queremos más sangre derramada en Veracruz! ¡Ya no más muertes y desapariciones! ¡No más ejecuciones ni violencia!, y ¡No más dolor y miedo en la población!

En el ejercicio político cuando la jerarquía de la Iglesia Católica lanza reprimendas tan duras contra los gobernantes -que por lo regular es muy raro, pues los clérigos encumbrados son muy acomodaticios- trasluce una crisis en la relación interinstitucional, lo que sería lo menos grave, pero también que la situación es tan desastrosa que los ensotanados no se pueden quedar callados. Vaya ni con Javier Duarte hicieron tanto escándalo. Así debe estar el tiradero en Veracruz, se repite.