

De la redacción
El Buen Tono
El 20 de marzo de 1865, John Wilkes Booth, actor de 26 años, planeaba secuestrar al presidente Abraham Lincoln para canjearlo por prisioneros confederados y presionar por un final favorable para los estados del sur. El complot fracasó cuando Lincoln cambió sus planes, pero la determinación de Booth solo creció.
Convencido de que la caída del sur era inminente tras la reelección de Lincoln y la inminente derrota confederada, Booth decidió actuar. El 14 de abril, en Viernes Santo, irrumpió en el palco del Teatro Ford en Washington D.C. y disparó al presidente mientras disfrutaba de la obra Nuestro Primo Americano. Tras herir también al oficial Henry Rathbone, Booth huyó gritando “¡Sic Semper tyrannis!”, buscando vengar al sur.
Lincoln fue trasladado a una casa cercana, donde murió a las 7:22 de la mañana del 15 de abril. La noticia conmocionó al país: banderas a media asta, luto oficial y procesiones multitudinarias marcaron el inicio de su legado como líder que abolió la esclavitud y salvó la Unión.
Booth, perseguido por tropas federales, fue localizado el 26 de abril en Virginia. Tras un enfrentamiento, murió y su conspiración quedó desarticulada. Sus cómplices fueron juzgados, algunos ahorcados, otros encarcelados. La muerte de Lincoln transformó su figura en un símbolo histórico y mártir para Estados Unidos, mientras Booth pasó a la historia como un actor que eligió la venganza sobre la paz.
