

De la Redacción
El Buen Tono
Orizaba, Ver.– Peones, y no especialistas en vida silvestre, fueron quienes atendieron al león herido tras la reciente pelea en Casavegas, evidenciando no sólo la precariedad en el manejo de estos ejemplares, sino un esquema de abandono que pone en riesgo directo a los animales. El episodio, además, estuvo marcado por el hambre: trabajadores aseguraron que los felinos “estaban de malas” por la falta de alimento, detonante inmediato de la agresión.
En un intento por obtener la postura oficial, desde el viernes se buscó a la encargada de la UMA Citlaltépetl, Brenda Abaroa Ortiz, quien aún no cuenta con nombramiento formal como coordinadora. Personal informó que se encontraba en Xalapa. El sábado, empleados señalaron que su presencia se limita a registrar entrada a las 07:00 horas, retirarse y volver únicamente para checar salida a las 16:00 horas.
El domingo, día en que ocurrió la pelea, nuevamente se intentó localizarla, pero la respuesta fue que se encontraba en el estado de Puebla. Pese a su ausencia, trascendió que habría dado instrucciones a distancia para que un peón identificado como Alfredo realizara la curación del felino lesionado.
Testigos confirmaron que fueron trabajadores sin formación especializada quienes intervinieron al animal, incluso frente a visitantes que ese día acudieron en gran número por el puente. La escena dejó al descubierto la falta de personal capacitado para atender fauna silvestre, pese a tratarse de grandes depredadores con necesidades médicas específicas.
Empleados del lugar, bajo condición de anonimato, señalaron que la pelea fue consecuencia directa de la falta de alimento. Aseguran que, por orden de la encargada, ese día no se les proporcionó comida. “Estaban de malas, con hambre, y por eso se pelean entre ellos”, relataron. El comportamiento de los grandes felinos ante la escasez de alimento es conocido: el hambre incrementa los niveles de estrés, rompe jerarquías y detona ataques entre individuos que compiten por recursos básicos. En cautiverio, estas condiciones se agravan por el confinamiento y la falta de estímulos adecuados. La situación se vuelve aún más crítica ante la reducción en las raciones. Trabajadores indicaron que anteriormente los leones recibían entre 4 y 5 kilogramos de alimento, pero desde que Abaroa Ortiz asumió el control, la cantidad se redujo a la mitad y no se suministra de manera constante.
Las consecuencias no sólo se reflejan en agresiones, sino en el deterioro físico de los ejemplares: debilitamiento, riesgo de infecciones, afectaciones metabólicas y un desgaste general que compromete su supervivencia. El caso no sólo exhibe un manejo deficiente, sino posibles violaciones a la normatividad vigente en materia de bienestar animal, al permitir condiciones que derivan en sufrimiento, lesiones y atención inadecuada de fauna silvestre.
