AGENCIA
Ciudad de México.- La evolución de las operaciones contra el crimen organizado ha llevado a las Fuerzas Armadas mexicanas a reforzar el uso de tecnología aérea para apoyar a las tropas en tierra. En ese contexto, los aviones T-6C Texan II, diseñados originalmente para el entrenamiento avanzado de pilotos, han adquirido un papel cada vez más importante en misiones de vigilancia, reconocimiento y apoyo táctico.
Su participación en operativos recientes en Sinaloa y Jalisco demuestra cómo estas aeronaves se han convertido en una herramienta estratégica para enfrentar escenarios de alta peligrosidad.
Del entrenamiento al combate
El T-6C Texan II nació como un avión destinado a la formación de pilotos militares, pero sus capacidades tecnológicas permiten adaptarlo para misiones de combate ligero.
Cuenta con una cabina digital de última generación, sensores infrarrojos, sistemas de navegación avanzados y enlaces de comunicación en tiempo real, lo que le permite detectar objetivos con precisión incluso en zonas montañosas o de difícil acceso.
Además, puede equiparse con pods de ametralladoras y otros sistemas de armamento ligero para brindar apoyo aéreo cercano a las fuerzas terrestres.
Su debut en operaciones de alto impacto
Uno de los episodios más relevantes ocurrió en enero de 2023, durante el operativo para detener a Ovidio Guzmán López en Culiacán, Sinaloa.
Ante la intensa reacción de grupos criminales, que realizaron bloqueos, incendios de vehículos y ataques armados para impedir el traslado del líder delictivo, la Fuerza Aérea Mexicana desplegó dos T-6C Texan II artillados, además de helicópteros UH-60 Black Hawk.
Las aeronaves realizaron vuelos de reconocimiento y cobertura aérea para respaldar a las tropas del Ejército Mexicano, contribuyendo al restablecimiento del control en distintos puntos de la ciudad.
Tapalpa confirma su nueva función
En febrero de 2026, los Texan II volvieron a entrar en acción durante un operativo en Tapalpa, Jalisco.
Las aeronaves participaron en misiones de vigilancia, reconocimiento y apoyo táctico para las fuerzas terrestres que enfrentaban a un objetivo prioritario del crimen organizado.
Gracias a sus sistemas de observación y comunicación, facilitaron la localización de objetivos y la coordinación entre las unidades desplegadas durante el operativo.
Este despliegue confirmó que el T-6C ya forma parte de los recursos habituales utilizados por la Fuerza Aérea Mexicana en operaciones de seguridad interior.
Tecnología al servicio de la seguridad
El Texan II ofrece importantes ventajas operativas.
Su costo de operación es considerablemente menor al de un avión de combate supersónico, requiere menos mantenimiento y puede permanecer durante más tiempo realizando labores de vigilancia.
También puede operar desde bases aéreas con infraestructura limitada, lo que facilita su despliegue en distintas regiones del país.
La propuesta del AT-6 Wolverine
El uso constante del T-6C ha reactivado el debate sobre la conveniencia de incorporar el AT-6 Wolverine, una versión desarrollada específicamente para misiones de ataque ligero.
Este modelo mantiene la plataforma del Texan II, pero incorpora blindaje adicional, mayor capacidad de carga y la posibilidad de emplear armamento guiado de precisión.
Entre el equipo que puede portar destacan bombas guiadas por láser, cohetes aire-tierra, misiles de precisión, pods de ametralladoras y sistemas avanzados para la designación de blancos.
Especialistas consideran que una aeronave de este tipo permitiría fortalecer las capacidades de respuesta de la Fuerza Aérea Mexicana frente a amenazas cada vez más complejas.
Una flota en expansión
Actualmente, México opera más de 70 aeronaves T-6C Texan II.
Alrededor de 60 pertenecen a la Fuerza Aérea Mexicana y 13 más a la Aviación Naval de la Secretaría de Marina.
Estas aeronaves sustituyeron a los antiguos T-37 como plataforma principal para el entrenamiento avanzado de pilotos, ofreciendo mejores prestaciones tecnológicas, mayor seguridad y menores costos de mantenimiento.
El futuro de la aviación militar mexicana
La participación de los T-6C Texan II en operativos contra el crimen organizado refleja la transformación de la estrategia aérea de las Fuerzas Armadas.
Aunque fueron adquiridos como entrenadores, hoy cumplen un papel importante en operaciones reales gracias a su versatilidad, tecnología y capacidad para proporcionar vigilancia y apoyo táctico.
Su desempeño en Culiacán y Tapalpa demuestra que estas aeronaves se han convertido en uno de los principales activos de la Fuerza Aérea Mexicana, mientras continúa el debate sobre la incorporación de plataformas especializadas como el AT-6 Wolverine para fortalecer la capacidad de respuesta del Estado frente a los desafíos que plantea la seguridad nacional.
