Adriana Estrada
El Buen Tono
Orizaba.- Edith Gómez Larios aprendió a esconder a Cri Cri. No por vergüenza, sino porque le enseñaron que era malo. Durante años, como educadora normalista, calló lo que pensaba de las canciones que la hicieron feliz en la infancia. “Yo decía: ¿qué hago con mi Cri Cri que vive adentro?”, recuerda la maestra jubilada, quien también fue cuentacuentos y titiritera.
Su testimonio pone el dedo en una contradicción que sigue viva en las aulas mexicanas: el mismo repertorio que fue censurado por irreverente, por “no respetar al adulto” y por incluir palabras antisonantes, hoy convive con canciones infantiles de letras mucho más explícitas que se bailan y se cantan en festivales escolares sin mayor filtro.
Refirió que no era muy visto, que la canción del ratón vaquero, incluyera las palabras de saca sus pistolas, y en su momento se consideraba algo bélico e inapropiado para la niñez, material que hoy sería inocuo comparado con lo que se consume con letras muy explícitas, y entonces nadie dice nada.
El problema no es solo el contenido, sino la falta de criterio de algunos docentes, pues dijo que todavía hay maestros que sin pasar ese filtro de criterio ponen canciones con letras muy “fuertes” en algún evento escolar.
La docente dijo que Cri Cri no endulzaba la vida, pero tampoco caía en la crudeza. “Está en un punto medio. No te está endulzando la vida. En su letra se está diciendo las cosas como son y, por otro lado, la música yo creo que es tan contagiosa, tan pegajosa, que siempre debería estar presente”, afirmó.
Consideró que, el problema no es Cri Cri, sino la doble moral con la que se juzga el contenido infantil, y lo que ayer se prohibió por irreverente hoy se tolera sin análisis. “La música es la letra”, insistió. Y agregó que, mientras no exista un criterio claro para seleccionar lo que se canta y se baila en la escuela, la censura seguirá siendo selectiva y tardía.
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