

DE LA REDACCIÓN
EL BUEN TONO
Córdoba.– La carga y el traslado de la caña se han convertido en una mafia que se ampara en su vínculo con la delincuencia organizada para hacer lo que quiere en las carreteras: exceder pesos y dimensiones, circular en condiciones mecánicas deplorables y sin documentación, sin que ninguna autoridad los detenga.
Camiones intocables, unidades con llantas lisas, frenos defectuosos, luces traseras inservibles o no visibles, fuera de los tamaños y dimensiones que marca la ley, además de circular sin placas visibles, licencias o papeles en regla, transitan todos los días sin ser molestados. Van sobrecargados, fuera de norma y en evidente riesgo para cualquiera que se cruce en su camino.
Nunca están en los corralones, nunca son revisados, nunca son sancionados. Son, en los hechos, intocables.
En la región se repite un señalamiento que explica esta protección: algunos seudolíderes cañeros están ligados a estructuras del crimen organizado. Y eso cambia todo. Aquí ya no se trata solo de sobornos, se trata de control y de territorio.
Chatarra rodante
Muchos de estos camiones son modelos de las décadas de 1960, 1970 y 1980, reconstruidos tras accidentes, parchados, modificados de forma ilegal y sin ninguna certificación de seguridad. Son unidades que no deberían circular, pero que siguen rodando gracias a la protección que tienen.
Desde las zonas de corte hasta ingenios como Motzorongo y San Nicolás, recorren largas distancias convertidos en trampas sobre ruedas.
Volcaduras, choques y cierres de carretera son consecuencia directa de esta impunidad. No son hechos aislados: son el resultado de permitir que camiones sobrecargados y sin control circulen por las carreteras como si nada.
