AGENCIA
San Marcos Tlazalpan, Méx.- La comunidad otomí-ñätho de San Marcos Tlazalpan mantiene una lucha generacional para preservar el maíz tolonki, también conocido como palomero toluqueño, una variedad nativa que se encuentra en peligro de extinción y que forma parte de la identidad, alimentación y economía de sus habitantes.
Este grano, cuyo origen se remonta a la época prehispánica, enfrenta la presión de las semillas híbridas, el cambio climático y las importaciones, que actualmente representan más de 90 por ciento del mercado nacional. Ante ello, un reducido grupo de productores se mantiene como “guardián” de la semilla y busca recuperar su pureza y mejorar su rendimiento.
En San Marcos Tlazalpan, las familias conservan además una técnica tradicional para preparar las palomitas. El grano se coloca en ollas de barro calientes con arena extraída del cerro P’omu, una práctica que permite mantener sus características de color y sabor. Las palomitas también son utilizadas para elaborar collares que adornan altares y coronas durante carnavales y fiestas patronales.
Alfonso Ernesto, productor de 54 años, forma parte del grupo que trabaja para fortalecer la variedad. Con apoyo de investigadores y especialistas en agronomía, los agricultores realizan un proceso de mejoramiento genético en una parcela comunitaria, donde seleccionan las semillas de acuerdo con su capacidad para reventar, así como el tamaño y color de la palomita.
El proceso podría tardar entre cinco y ocho años. Alma Lili Cárdenas, investigadora de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, explicó que la conservación no debe enfocarse únicamente en el potencial comercial, sino también en la identidad de la comunidad, las técnicas tradicionales y el papel de las mujeres en la preservación del cultivo.
De acuerdo con la Conabio, existen 59 razas nativas de maíz en México y siete corresponden a variedades palomeras, entre ellas el tolonki. La producción de estos maíces se redujo drásticamente: en 2019 se registraron apenas 596 toneladas, frente a las 42 mil 178 toneladas producidas en 1980.
Uno de los principales problemas es la pérdida de pureza de la semilla. Los pequeños productores, que generalmente cuentan con parcelas de una hectárea o menos, deben distribuir sus terrenos entre distintas variedades de maíz, lo que favorece la mezcla de granos. A ello se suma el uso de semillas híbridas, que ofrecen mayores rendimientos y otras ventajas productivas.
El tolonki se distingue por sus mazorcas pequeñas pero pesadas, con granos cristalinos, brillantes y puntiagudos. Para reventarlo requiere temperaturas elevadas y calor uniforme, características que explican la permanencia de la técnica con ollas de barro y arena.
Los productores también reciben capacitación para enfrentar sequías, heladas y lluvias intensas. Gerardo Martínez, agricultor desde niño, señaló que los conocimientos adquiridos ya comienzan a reflejarse en sus cultivos, con plantas más resistentes y mejor desarrollo de las mazorcas.
La meta de la parcela comunitaria es alcanzar seis toneladas por hectárea en aproximadamente dos años, reducir costos y encontrar nuevos mercados. Actualmente, la producción todavía se encuentra por debajo de una tonelada por hectárea.
Los agricultores también buscan ampliar los usos del tolonki. Además de las tradicionales palomitas, el grano puede emplearse para elaborar tortillas, harinas, totopos, galletas, tamales, atoles, tlacoyos y sopes.
Como parte de esta lucha por preservar la semilla, a principios de año la asamblea ejidal de San Marcos Tlazalpan declaró por unanimidad al maíz palomero toluqueño como patrimonio biocultural de la comunidad.
La decisión establece además reglas para el manejo de la semilla por parte de investigadores externos: deberán informar a la comunidad sobre el propósito de los estudios y, en caso de obtener resultados positivos, devolver los conocimientos generados a los propios pobladores.
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