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La administración de Manuel Alonso Cerezo bajo la lupa del amiguismo y el conflicto de interés

De la Redacción
El Buen Tono

Córdoba, Ver. — La administración municipal encabezada por el alcalde Manuel Alonso Cerezo se encuentra en el centro de la controversia ante múltiples señalamientos de haber construido su equipo de gobierno no con base en la competencia y la transparencia, sino en la lealtad política, el amiguismo y la posible prebenda, cobijando a figuras vinculadas a los peores vicios del pasado político local e incluso a personal de su propia empresa, Trabal.

Las críticas apuntan a un patrón claro: el resurgimiento en puestos clave de antiguos operadores del PRI y del PAN leales a exfiguras como Leticia López y Gerardo Rosales, junto con la inserción de colaboradores cuya principal credencial parece ser la cercanía personal o laboral con el edil.

EL CASO EMBLEMÁTICO: ERNESTO ARTEAGA

Un ejemplo que ha encendido las alarmas es el de Ernesto Arteaga Quevedo, actualmente asignado al área de Desarrollo Económico y Comercio de Fortín, bajo la órbita de Gerardo Rosales. Su trayectoria política es reveladora: previamente fue un leal operador de Leticia López, fungiendo como encargado de bibliotecas durante su gestión. Su nombramiento fue incluso publicitado en medios oficialistas, donde se le vinculaba a proyectos culturales.

Esta trayectoria de adaptación y lealtad a distintos grupos en el poder lo sitúa como un claro representante de la clase política que sobrevive a los cambios administrativos gracias a la fidelidad, no a los méritos profesionales de cara al público.

NUEVA ADMINISTRACIÓN: VIEJAS PRÁCTICAS

La situación recuerda a los turbulentos tiempos de Francisco Portilla, bajo cuyo mandato figuró Luis Díaz Barriga como edil y luego como candidato. Díaz Barriga, quien llegó a ser síndico del municipio, fue señalado en su momento por formar parte de estructuras cuestionadas. Su presencia en la escena pasada y la de operadores como Arteaga en la actual, dibujan una línea de continuidad en las prácticas de cuotas y acomodos.

De hecho, el clima de intriga y espionaje político no es ajeno a Córdoba. Durante pasadas campañas, el propio Luis Díaz Barriga denunció ser víctima de espionaje del mismo Ernesto Arteaga Quevedo. En su momento, Díaz Barriga como candidato del PRI y el PVEM presentaron denuncias ante la FEPADE por filtración de datos para beneficiar a una candidata del PAN-PRD.

EL CONFLICTO DE INTERÉS: LA SOMBRA DE “TRABAL”

Los señalamientos más graves, sin embargo, apuntan a la posible injerencia de intereses privados en la administración pública. Diversas fuentes han alertado que el alcalde Manuel Alonso Cerezo estaría colocando en cargos municipales a personal de su empresa privada, Trabal, lo que constituiría un claro conflicto de interés y una puerta abierta al favoritismo.

De confirmarse, esta práctica no solo violaría los principios de imparcialidad y servicio público, sino que enviaría un mensaje devastador: la administración municipal funciona como una extensión del círculo privado del alcalde, “premiando favores” personales y laborales previos.

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