

AGENCIA
Nacional.- La crisis del sarampión en México ha entrado en una fase crítica. En los primeros 20 días de enero de 2026 se confirmaron mil 153 nuevos casos, una cifra que en 2025 tomó casi dos meses en acumularse. Con 7 mil 674 contagios, 25 muertes y presencia del virus en las 32 entidades del país, el brote avanza sin control y pone en riesgo uno de los principales logros sanitarios de las últimas décadas.
De acuerdo con la Dirección General de Epidemiología de la Secretaría de Salud, el crecimiento sostenido de casos ha colocado a México en una situación límite frente a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que certifica a los países libres de transmisión endémica de sarampión. Un vocero del organismo explica que este estatus se pierde cuando el virus mantiene transmisión continua durante 12 meses o más en una misma zona geográfica. En el caso mexicano, ese umbral se cumple el 1 de febrero de 2026.
Aunque en abril la Comisión Regional de Monitoreo y Reverificación y la OPS volverán a evaluar la situación, el escenario es adverso. Desde finales de diciembre de 2025, México encabeza en la región el número de contagios y defunciones, superando a Canadá, que hasta entonces lideraba el brote continental.
Un brote subestimado
El primer caso oficial se reportó el 19 de febrero de 2025: Una menor de cinco años, originaria de Estados Unidos, que se encontraba en Oaxaca. Desde entonces, la epidemia ha escalado de forma sostenida, concentrándose principalmente en el norte del país, donde se registra nueve de cada 10 casos.
Sin embargo, especialistas advierten que las cifras oficiales podrían reflejar solo una parte del problema. Rodrigo Romero, coordinador de la Asociación Mexicana de Vacunología, sostiene que los casos confirmados podrían representar apenas tres de cada 10 infecciones reales. La literatura médica estima que por cada muerte asociada al sarampión existen alrededor de mil contagios, lo que sugiere que más de 17 mil personas habrían enfermado sin ser diagnosticadas ni registradas.
Un problema regional, con epicentro en México
El brote no es exclusivo de México. La OPS ha documentado casos en Argentina, Belice, Bolivia, Brasil, Canadá, Costa Rica, Paraguay, Perú y Estados Unidos. Sin embargo, Canadá, Estados Unidos y México concentran el 95 por ciento (%) de los contagios en la región.
Hasta septiembre de 2025, México ocupaba el segundo lugar, pero desde finales de ese año la tendencia cambió de manera alarmante. Mientras otros países lograron estabilizar sus cifras, México entró en una fase de aceleración que no ha podido contener.
La enfermedad, considerada una de las más contagiosas del mundo, puede provocar complicaciones graves como encefalitis, ceguera, sordera y la muerte, especialmente en la infancia. No existe tratamiento específico: La única herramienta efectiva es la vacunación.
Vacunación en caída libre
El problema central no es nuevo. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la cobertura de vacunación en México es hoy menor a la registrada en 2013. La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2023 reveló que solo siete de cada 10 niñas y niños de uno a dos años recibieron la vacuna triple viral (sarampión, rubéola y parotiditis), muy lejos del 95% establecido como meta nacional.
Romero explica que la caída en coberturas comenzó alrededor de 2012 y se profundizó durante la pandemia, generando una acumulación de personas susceptibles. “No es una falla de uno o dos años; es una brecha prolongada que hoy se traduce en brotes”, advierte.
Los datos oficiales refuerzan esta alerta. Al cierre de 2024, el Centro Nacional para la Salud de la Infancia y la Adolescencia reportó apenas 60% de cobertura en la segunda dosis de la vacuna SRP, necesaria para completar el esquema y garantizar protección de por vida. En estados como Coahuila y Chihuahua, la cobertura cayó hasta el 30%.
Rebrote y expansión territorial
Aunque la curva de contagios parecía estabilizarse a mediados de diciembre de 2025, el inicio de 2026 marcó un repunte severo, con un promedio de 54 casos diarios. En menos de un mes, el número de contagios aumentó 20% respecto a todo el año anterior.
El foco del brote se ha desplazado hacia entidades como Jalisco y Chiapas, mientras crece la preocupación de que otras regiones sigan el mismo camino en las próximas semanas.
Los grupos más afectados
La mayor carga de la enfermedad recae en los menores de cero a cuatro años, con mil 741 casos y una tasa de incidencia de 17 por cada 100 mil menores. Sin embargo, el sarampión no se ha limitado a la infancia. El grupo de 25 a 29 años ocupa el tercer lugar en número de contagios, con 759 casos en un año.
El 55% de los casos se concentra entre los cero y 19 años, aunque se han registrado infecciones en adultos mayores. Especialistas reconocen la existencia de un hueco inmunológico, especialmente en personas vacunadas en los años 90, cuando las coberturas nunca alcanzaron niveles óptimos.
Estudios citados por la Asociación Mexicana de Vacunología indican que personas de entre uno y 50 años podrían tener apenas entre 50 y 70% de anticuerpos contra el virus, una protección insuficiente frente a un patógeno altamente transmisible.
Las muertes confirman la gravedad del brote. De las 25 defunciones registradas, cuatro corresponden a personas de entre 31 y 54 años. Solo una contaba con antecedente de vacunación y presentaba condiciones que comprometían su sistema inmune.
Un sistema en riesgo
Para los especialistas, la respuesta frente a esta epidemia es clara pero insuficiente: Reforzar la vacunación, fortalecer la vigilancia epidemiológica y establecer cercos sanitarios oportunos. No obstante, Romero advierte que el problema es estructural y va más allá del sarampión.
Recomponer el sistema nacional de vacunación tomará tiempo, y mientras no se alcancen coberturas adecuadas, otras enfermedades prevenibles como hepatitis, tos ferina, tétanos, tuberculosis o incluso polio podrían reaparecer.
La epidemia de sarampión no solo evidencia una falla sanitaria, sino el costo acumulado de años de descuido institucional. México enfrenta ahora una emergencia que pudo prevenirse y que amenaza con revertir décadas de avances en salud pública.
