

México.- México sigue mostrando una fuerte dependencia económica y energética de Estados Unidos, lo que implica riesgos geopolíticos y limita la soberanía frente a presiones externas, incluso sin necesidad de medidas militares o invasivas. Un ejemplo claro es el sector energético: alrededor del 70% del gas natural que se consume en México proviene de importaciones desde Estados Unidos, lo que representa prácticamente la mayor parte de la demanda del país para generación eléctrica e industria.
Los datos más recientes disponibles señalan que México importa volúmenes récord de gas natural estadounidense, con niveles promedio diarios de entre 6.1 y 6.4 mil millones de pies cúbicos al día, cifras históricas que reflejan el crecimiento sostenido de estas importaciones en los últimos años. Esta dependencia se da pese a la aspiración oficial de alcanzar una mayor soberanía energética, ya que la producción nacional de gas ha sido insuficiente para cubrir la demanda interna.
Además del gas, México continúa importando gasolina y diésel, ya que su capacidad de refinación interna no cubre la totalidad del consumo nacional. Datos históricos muestran que las importaciones de combustibles han sido un porcentaje significativo del consumo, reflejando la falta de autosuficiencia en derivados del petróleo.
En el ámbito agrícola, aunque México no produce suficiente maíz transgénico para satisfacer la demanda total, mantiene importaciones desde Estados Unidos sin restricciones completas, lo que también evidencia la interdependencia productiva en sectores esenciales.
Esta situación expone un desafío estructural para México: no es necesario invadir ni aplicar medidas extremas para ejercer presión; basta con controlar el flujo de recursos clave como el gas natural, la gasolina o el maíz para influir en la estabilidad interna del país. La soberanía energética —y en general económica— no se logra solo con discursos, sino con inversiones, producción propia y políticas que reduzcan la vulnerabilidad ante decisiones de gobiernos externos.
