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DE LA REDACCIÓN 

El Buen Tono

Región.- Hoy México escribe una de las páginas más importantes de su historia futbolística. El Tricolor se enfrenta a Ecuador en los dieciseisavos de final del Mundial 2026, en el Estadio Ciudad de México, con la misión de avanzar a octavos de final. El partido ha paralizado al país: el gobierno federal recomendó a empresas y comercios ajustar horarios para que los trabajadores puedan seguir el encuentro y evitar aglomeraciones, además se espera una de las mayores audiencias televisivas de la historia. México llega invicto, sin recibir un solo gol, y con el respaldo de una afición que volverá a llenar el Azteca para convertir la localía en un factor de presión constante sobre Ecuador.

El duelo revive una vieja historia. En el Mundial de 2002, México remontó ante Ecuador con goles de Borgetti y Torrado para ganar 2-1 y avanzar a octavos. Hoy, con Javier Aguirre nuevamente al mando, busca repetir la dosis y romper la maldición. Ecuador llega motivado tras eliminar a Alemania y con un plantel veloz y fuerte en la altura.

Pero detrás de la fiesta deportiva, hay una realidad que pesa más. Mientras miles de aficionados celebran o lamentan los resultados, al interior de muchos hogares la violencia contra mujeres y menores se dispara hasta un 20 por ciento, según denuncias de organizaciones civiles como la Red Nacional de Refugios. Datos internacionales reportan que los casos de violencia doméstica pueden incrementarse hasta un 33 por ciento durante grandes eventos deportivos, debido al estrés social, las aglomeraciones y el consumo excesivo de alcohol. 

En la región de las Altas Montañas de Veracruz, el colectivo Marea Verde ha documentado esta misma tendencia: los hombres no manejan bien las emociones cuando los resultados no favorecen a su equipo. Luz María Reyes Huerta, integrante del colectivo, señaló que “quienes terminan pagando las consecuencias son los más débiles; en este caso, las mujeres y los niños”. La activista cuestionó la normalización de conductas violentas en celebraciones deportivas, mientras se critica a los movimientos de mujeres que exigen justicia.

La pasión deportiva no puede ser excusa para la violencia. El llamado es a disfrutar el partido con responsabilidad.

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