AGENCIA
Ciudad de México.- Mientras varios países de América Latina fortalecen sus fuerzas aéreas con la adquisición de cazas de última generación, México ha optado por una estrategia distinta al priorizar la compra de aviones de transporte pesado, helicópteros multipropósito y aeronaves no tripuladas, dejando en segundo plano la renovación de su flota de cazas supersónicos.
La Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa) confirmó que la sustitución de los aviones F-5E/F Tiger II, actualmente los únicos cazas supersónicos en servicio en la Fuerza Aérea Mexicana (FAM), no forma parte de las adquisiciones inmediatas y se mantiene como un proyecto contemplado a largo plazo dentro del plan de modernización institucional.
En cambio, la estrategia se concentra en fortalecer las capacidades logísticas y de apoyo operativo mediante la incorporación de un avión de transporte pesado, diez helicópteros multipropósito y sistemas aéreos no tripulados para tareas de vigilancia, reconocimiento y apoyo en operaciones militares y de protección civil.
Las nuevas aeronaves estarán destinadas principalmente al traslado de personal, equipo, ayuda humanitaria, evacuaciones durante desastres naturales, combate a incendios forestales y operaciones de seguridad, funciones que actualmente representan gran parte de las actividades de las Fuerzas Armadas.
La decisión contrasta con la tendencia observada en otros países de la región, donde se han concretado programas para adquirir modernos aviones de combate con el objetivo de reforzar la defensa del espacio aéreo y renovar flotas que, al igual que la mexicana, cuentan con varias décadas de servicio.
Los F-5 Tiger II, incorporados hace más de 40 años, continúan siendo la principal plataforma de defensa aérea supersónica del país. Aunque han recibido trabajos de mantenimiento para prolongar su vida útil, especialistas consideran que su reemplazo será inevitable en los próximos años debido a su antigüedad y a los avances tecnológicos en materia de aviación militar.
Analistas en temas de defensa señalan que la decisión del Gobierno federal responde a una evaluación de las necesidades actuales del país, donde predominan las misiones de apoyo a la población, vigilancia territorial y combate a la delincuencia organizada, antes que escenarios de confrontación aérea convencional.
Con esta estrategia, México mantiene en pausa la incorporación de nuevos cazas supersónicos y concentra sus recursos en fortalecer las capacidades de movilidad, respuesta y apoyo operativo de la Fuerza Aérea Mexicana.
