

Alejandro Aguilar
El Buen Tono
CÓRDOBA.- A pesar del anuncio oficial que aseguraba el regreso gradual del suministro de agua, decenas de familias denuncian que sus hogares permanecen sin servicio. Esta situación ha generado una notable molestia ciudadana, evidenciando una brecha crítica entre el discurso gubernamental y la realidad técnica que enfrentan los usuarios en sus domicilios.
El alcalde Manuel Alonso Cerezo informó recientemente que, tras concluir las reparaciones en el acueducto proveniente de Nogales, los captadores habían comenzado su llenado para iniciar la distribución. No obstante, horas después de este reporte, habitantes de diversas zonas de la ciudad confirmaron que el líquido sigue sin llegar a las tuberías domésticas.
Testimonios ciudadanos, como el de Manuel Sánchez en la calle 9 y avenida 11, reflejan un deterioro progresivo: tras un suministro regular en enero y una baja de presión en febrero, actualmente el servicio es nulo. Vecinos reportan que, incluso cuando el agua llega a fluir brevemente, el corte se produce de forma abrupta antes del mediodía, invalidando el aviso de normalización.
En sectores como la colonia Lázaro Cárdenas, usuarios como María De La Luz Damas señalan que la baja presión es un problema estructural que los obliga a depender de bombas eléctricas. Existe una percepción de inequidad en la distribución, pues mientras el recibo de cobro llega puntualmente mes con mes, el suministro se mantiene intermitente y limitado a días específicos.
La lista de zonas afectadas es extensa e incluye colonias como Francisco I. Madero, San Dimas, el Centro, Colonia Esperanza, Villas de San Isidro, Colonia México, Miguel Alemán y San Román. Los reportes varían desde la ausencia total de agua durante 48 horas continuas hasta llamados urgentes a los operadores de válvulas para que permitan un flujo real y no solo “chorritos” insuficientes. Finalmente, el problema se agrava con denuncias sobre la calidad del recurso; ciudadanos como Julio Flores señalan que, al reanudarse el flujo, el agua llega mezclada con lodo y desechos. Esta discrepancia entre el fin de los trabajos en el acueducto y la carencia en las calles refleja una falla en la supervisión de la red que mantiene en vilo a la población.
