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“Puro negociador torpe. Los estadounidenses sí llevan gente preparada para negociar. Ebrard entró al gobierno como jefe policiaco y ahora es secretario de Economía. Incluso Trump llegó a burlarse de él cuando fue a representar a México para cabildear el tema de los aranceles; dijo que México se había doblado muy fácil y muy rápido.

El problema es que muchos de nuestros políticos parecen hacerse más pequeños cuando negocian frente a Estados Unidos. Con esa actitud y esos complejos de inferioridad es difícil negociar en igualdad de condiciones. Aquí muchas veces hay más grilla política que preparación técnica.

Cuando Trump dice que no le interesa renovar el T-MEC, eso también puede ser una estrategia de negociación: decir que no le interesa para ver qué ofrece la otra parte y bajar sus expectativas. En otras palabras: ‘No me interesa el tratado… pero dime qué propones y vemos si me convence’. Y justamente eso es lo que parece estar haciendo con México.”

La posible revisión del T-MEC ha reavivado el debate sobre la capacidad del gobierno mexicano para negociar frente a una administración estadounidense encabezada por Donald Trump, un político reconocido por utilizar la presión y las amenazas como estrategia para obtener ventajas en acuerdos internacionales.

Diversos analistas consideran que la postura de Trump al asegurar que no tiene interés en renovar el tratado no necesariamente significa el fin del acuerdo comercial, sino una táctica de negociación. En el ámbito de las relaciones internacionales, este tipo de declaraciones suelen utilizarse para presionar a la contraparte y obligarla a ofrecer mayores concesiones antes de sentarse a la mesa.

Las críticas también se han dirigido hacia el equipo negociador mexicano. Hay quienes cuestionan que algunos de los funcionarios encargados de conducir estas conversaciones no cuentan con una trayectoria especializada en negociaciones comerciales internacionales, lo que, aseguran, coloca al país en una posición de desventaja frente a un gobierno estadounidense respaldado por expertos con amplia experiencia en comercio exterior, política internacional y estrategia económica.

En ese contexto, también ha sido motivo de debate el nombramiento del nuevo embajador de México en Estados Unidos, Roberto Lazzeri Montaño. Diversas voces han señalado que, aunque posee experiencia en materia financiera y hacendaria, carece de una trayectoria diplomática consolidada justo cuando la relación bilateral atraviesa uno de sus momentos más complejos en temas como seguridad, migración, comercio y revisión del T-MEC.

Para algunos especialistas, la negociación que se avecina requerirá mucho más que voluntad política. Consideran indispensable contar con perfiles altamente preparados, capaces de enfrentar una estrategia estadounidense que históricamente ha utilizado la presión económica como herramienta para obtener mejores condiciones.

El futuro del T-MEC dependerá de la capacidad de ambos gobiernos para alcanzar acuerdos que beneficien a las tres economías de Norteamérica. Sin embargo, el reto para México será demostrar que cuenta con un equipo capaz de negociar en igualdad de condiciones frente a una de las administraciones más duras y experimentadas de Estados Unidos en materia comercial.

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