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De la redacción
El Buen Tono

La historia de Carlos José y Kevin Ariel Lara revela una de las realidades más duras que enfrentan miles de migrantes centroamericanos en su paso por México: el riesgo de caer en manos del crimen organizado.

Los hermanos, originarios de Honduras, ingresaron al país con la esperanza de continuar su trayecto hacia Estados Unidos en busca de mejores oportunidades. Sin embargo, su camino cambió drásticamente cuando fueron engañados con supuestas ofertas de empleo que resultaron ser una trampa.

De acuerdo con los reportes, ambos jóvenes fueron trasladados hasta el estado de Jalisco, donde permanecieron privados de su libertad durante varios meses. Durante ese tiempo, habrían sido obligados a realizar trabajos forzados bajo amenazas, sin posibilidad de comunicarse con sus familias ni escapar.

El caso salió a la luz gracias a una denuncia anónima que alertó sobre su situación. Posteriormente, la intervención de un colectivo de madres buscadoras permitió ubicar el sitio donde se encontraban y lograr su rescate.

Organizaciones civiles han advertido que este tipo de prácticas se ha vuelto cada vez más frecuente, pues grupos delictivos aprovechan la vulnerabilidad de personas migrantes que viajan solas, sin recursos y sin redes de apoyo.

La experiencia de Carlos José y Kevin Ariel no solo evidencia los peligros del tránsito migrante, sino también la urgencia de reforzar la protección y vigilancia para evitar que más jóvenes sean captados y explotados por el crimen organizado en territorio mexicano.

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