

AGENCIA
Rusia.- El uso del misil hipersónico Oreshnik durante el más reciente ataque nocturno de Rusia contra Ucrania fue interpretado por analistas y gobiernos occidentales no solo como una escalada militar, sino como un mensaje político directo del presidente Vladimir Putin hacia Estados Unidos y, en particular, hacia el presidente Donald Trump, en un contexto de crecientes tensiones dentro de la OTAN.
Moscú justificó el lanzamiento como una represalia por un supuesto ataque ucraniano contra una residencia de Putin en la región rusa de Nóvgorod, versión que fue rechazada tanto por Kiev como por Washington. Pese a ello, el Ministerio de Defensa ruso afirmó que la ofensiva incluyó armas de precisión de largo alcance, tanto terrestres como marítimas, entre ellas el sistema de misiles Oreshnik.
Durante esa noche, Rusia lanzó cerca de 300 artefactos contra territorio ucraniano, provocando explosiones en ciudades como Lviv y afectaciones severas a la infraestructura energética. Amplias zonas quedaron sin electricidad ni calefacción, incluso en Kiev, en pleno invierno. El saldo preliminar fue de al menos cuatro personas muertas y decenas de heridos.
Más allá del impacto inmediato, el énfasis del Kremlin en el uso del Oreshnik, un misil balístico hipersónico con capacidad de portar ojivas nucleares, fue interpretado como una señal estratégica. A diferencia de los misiles tradicionales, los hipersónicos ascienden con mayor rapidez, son altamente maniobrables y reducen significativamente el tiempo de reacción de los sistemas de defensa, lo que los convierte en un desafío crítico para los escudos antimisiles occidentales.
Fuentes diplomáticas y militares coinciden en que el mensaje principal no estaba dirigido únicamente a Ucrania. El lanzamiento habría tenido como destinatarios a Estados Unidos y a la OTAN, en un momento en el que Donald Trump ha reiterado la importancia estratégica de Groenlandia para la defensa estadounidense. La isla ártica, ubicada entre América del Norte y Rusia, alberga una base militar con sistemas de alerta temprana, aunque el Pentágono ha reconocido que su infraestructura es insuficiente para detectar con rapidez amenazas hipersónicas como el Oreshnik.
Este contexto ha incrementado las fricciones dentro de la OTAN, particularmente con países como el Reino Unido, que observan con preocupación cualquier intento de presión sobre Groenlandia por el riesgo de generar divisiones internas en la alianza. Para varios gobiernos europeos, el uso del misil ruso refuerza la percepción de vulnerabilidad del bloque frente a la nueva generación de armamento estratégico.
Para Ucrania, el mensaje geopolítico llegó acompañado de consecuencias directas. Miles de civiles quedaron sin servicios básicos, mientras el temor crece ante una guerra que continúa escalando tanto en intensidad como en complejidad tecnológica.
Analistas occidentales advierten que el empleo del Oreshnik refleja una estrategia de presión del Kremlin, orientada no solo a golpear a Ucrania, sino a exhibir su capacidad militar y a profundizar las tensiones entre Estados Unidos y sus aliados, con el objetivo de debilitar el frente occidental que respalda a Kiev.
