

“Disfruten lo votado”, reprocha la ciudadanía, pero sólo uno de cada 7 cordobeses votó por Alonso Cerezo
EL BUEN TONO
Córdoba, Ver.- Ayer el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentó su informe regional “Democracias bajo presión: Reimaginar los futuros de la democracia en América Latina y el Caribe”. El diagnóstico es implacable: La región no sufre golpes de Estado tradicionales, sino una “erosión silenciosa desde adentro” impulsada por gobernantes que gobiernan sin representar. El documento no menciona a Manuel Alonso Cerezo. No hace falta.
Alonso es la encarnación local de esa podredumbre.
Cinco meses después de asumir la alcaldía con la legitimidad más raquítica de la historia de Córdoba, su gobierno sigue siendo una anomalía estadística que la vida cotidiana convierte en pesadilla. El informe del PNUD señala que una de las cinco presiones que están matando la democracia latinoamericana es la “desigualdad estructural que se combina con liderazgos que confunden el triunfo electoral con un cheque en blanco”. Alonso gobierna como si hubiera arrasado. No arrasó ni en su propia colonia.
Los datos no se discuten: El 67.48% de los cordobeses empadronados no votaron en la elección que él ganó. De quienes sí fueron a las urnas, apenas el 44.7% lo eligió. Eso se traduce en un desolador 14.54% del padrón total. Sólo uno de cada siete ciudadanos lo respaldó. Los otros seis viven bajo un gobierno que no pidieron.
La frase “disfruten lo votado” circula en redes como un sarcasmo involuntario. No hay nada que disfrutar. Lo votado por una minoría ruidosa no es un mandato popular, es una confiscación. El propio informe del PNUD advierte que “cuando la participación cae por debajo del 30% en contextos de alta desigualdad, el sistema democrático entra en una zona de ilegitimidad funcional”. Córdoba lleva cinco meses en esa zona.
