De la redacción
El Buen Tono
Navanethem “Navi” Pillay, jurista sudafricana y defensora de los derechos humanos, obtuvo el Premio Nobel de la Paz 2026, un reconocimiento a una trayectoria marcada por la lucha contra la discriminación, la defensa del derecho internacional y su participación en tribunales internacionales.
Su historia comenzó cuando tenía apenas seis años y acudió a un tribunal en Durban, Sudáfrica, para declarar en un caso de robo contra un hombre que había trabajado con su padre. Aunque el acusado fue condenado, el dinero nunca fue recuperado, una experiencia que la llevó a cuestionar el verdadero significado de la justicia.
“¿Dónde está el dinero de mi padre? ¿Es esto justicia?”, se preguntó entonces, una interrogante que, décadas después, continúa vinculada con los principios que han guiado su carrera.
Nacida en 1941 en una familia trabajadora de ascendencia tamil, Pillay creció en Clairwood, un suburbio de Durban, en un contexto marcado por la discriminación racial. Su padre trabajaba como conductor de autobús y obtenía ingresos adicionales mediante la pesca. A pesar de las limitaciones económicas, su familia consideraba la educación una prioridad.
Cuando el apartheid se formalizó en Sudáfrica en 1948, las oportunidades educativas para la población negra eran limitadas. Sin embargo, el apoyo de su comunidad y el reconocimiento de sus capacidades por parte del director de su escuela le permitieron continuar sus estudios y formarse como abogada.
En 1967 se convirtió en la primera mujer negra en establecer su propio despacho de abogados en Sudáfrica. Posteriormente, amplió su preparación académica con estudios de posgrado y un doctorado en Ciencias Jurídicas en la Universidad de Harvard.
Una carrera marcada por la lucha contra el apartheid
Pillay participó en la defensa de los derechos humanos durante el régimen segregacionista sudafricano y se involucró en causas relacionadas con la lucha contra el apartheid.
Tras las primeras elecciones democráticas de Sudáfrica, celebradas en 1994, su trayectoria adquirió una dimensión internacional. En 1995, el entonces presidente Nelson Mandela la propuso para ocupar un puesto como magistrada en el Tribunal Supremo del país, convirtiéndose nuevamente en pionera para las mujeres negras sudafricanas.
Ese mismo año se incorporó al Tribunal Penal Internacional para Ruanda, organismo en el que posteriormente asumió la presidencia. Su trabajo contribuyó a establecer precedentes jurídicos sobre la violencia sexual en contextos de conflicto.
Durante el juicio contra Jean-Paul Akayesu, exalcalde de una localidad ruandesa acusado de participar en actos relacionados con el genocidio, Pillay cuestionó cómo debían actuar los jueces ante las pruebas de violencia sexual cuando no existían cargos específicos al respecto.
El caso contribuyó a que se reconociera que la violación puede constituir un acto de genocidio cuando se presentan determinadas circunstancias, un avance importante en el desarrollo del derecho penal internacional.
Más adelante, Pillay formó parte de la Corte Penal Internacional y, en 2008, fue nombrada Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
Su papel en las investigaciones sobre Gaza
En años recientes, la jurista encabezó una comisión de investigación de las Naciones Unidas que concluyó que Israel cometió genocidio en Gaza. Las conclusiones provocaron fuertes controversias y fueron rechazadas por el Gobierno israelí.
Su trayectoria y sus posiciones en defensa del derecho internacional también la han colocado en el centro de las diferencias con dirigentes como el presidente estadounidense Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu.
Tras conocerse el anuncio del Nobel, Pillay criticó las acciones de Washington contra la Corte Penal Internacional, al considerar que los ataques contra ese organismo son ilegales y perjudiciales para la justicia internacional.
La jurista ha sostenido que los jefes de Estado tienen la responsabilidad de respetar y defender el derecho internacional, además de explicar a sus ciudadanos la importancia de mantener vigente el Estado de derecho.
También ha cuestionado que potencias como Estados Unidos y Rusia no sean miembros de la Corte Penal Internacional, mientras conservan posiciones de influencia en el Consejo de Seguridad de la ONU, desde donde pueden bloquear determinadas iniciativas internacionales.
Una vida dedicada a transformar la justicia
Para Sam Naidu, profesora de la Universidad de Rhodes y biógrafa de Pillay, su trayectoria representa un ejemplo de cómo una persona puede transformar las instituciones desde dentro, incluso cuando estas surgieron o funcionaron durante largos periodos bajo estructuras discriminatorias.
Desde aquella niña que cuestionó por qué una condena no permitió recuperar el dinero de su padre hasta la jurista que ocupó cargos de alto nivel en organismos internacionales, Pillay ha mantenido una preocupación central: que la justicia no se limite a las resoluciones judiciales, sino que también garantice responsabilidades y protección efectiva para las víctimas.
Su reconocimiento con el Nobel de la Paz 2026 pone en el centro del debate internacional la defensa de los derechos humanos, la rendición de cuentas y el papel de las instituciones jurídicas frente a los gobiernos y las potencias mundiales.
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