

Sandra González
El Buen Tono
ORIZABA.- Bajo el discurso del “enriquecimiento ambiental”, el ayuntamiento de Orizaba que encabeza Hugo Chahín Kuri volvió a colocar en el centro del debate el manejo real de la fauna silvestre en cautiverio. Esta vez, con los hipopótamos “Tyson” y “Gloria” como protagonistas, luego de que la Unidad de Manejo Ambiental (UMA) les ofreciera pinos navideños reciclados, adornados con frutas, como parte de una campaña presentada como benéfica.
El pino, si bien no es considerado altamente tóxico, contiene taninos en corteza y hojas que, en dosis elevadas, pueden provocar irritación del tracto digestivo en herbívoros de gran tamaño como los hipopótamos. El consumo excesivo puede derivar en vómitos, estreñimiento, ulceraciones digestivas, daño hepático o renal, deshidratación e incluso gastroenteritis hemorrágica.
Aunque la autoridad reconoce que los ejemplares fueron rescatados y trasladados de manera legal por la Profepa, y que la UMA se encuentra registrada ante Semarnat, el fondo del problema no es jurídico, sino ético, técnico y de bienestar animal.
El riesgo se incrementa si se considera que los hipopótamos consumen hasta 80 libras diarias de vegetación, principalmente pasto y hierbas acuáticas. Introducir un pino completo como objeto alimenticio o de masticación, sin información clara sobre la cantidad ingerida ni monitoreo clínico posterior, resulta irresponsable.
La Ley General de Vida Silvestre (LGVS) permite la conservación de fauna exótica en UMAs registradas, siempre que se garantice un manejo adecuado y trato digno. Aunque no existe, hasta ahora, evidencia pública de una intoxicación que configure una violación directa a la norma, la decisión de ofrecer pinos a hipopótamos abre un cuestionamiento legítimo: ¿el “enriquecimiento ambiental” se diseñó con criterios científicos o se trató de una ocurrencia con fines mediáticos?
La NOM-059-SEMARNAT-2010, aunque no incluye a los hipopótamos por no ser fauna nativa en riesgo, establece principios generales de bienestar en cautiverio. En ese marco, el uso de elementos potencialmente irritantes para el sistema digestivo de una especie que no consume este tipo de vegetación en estado natural contradice la lógica de una alimentación basada en su dieta original.
La coordinadora de la UMA Orizaba, Brenda Abaroa Ortiz, informó que esta dinámica forma parte de una primera etapa y que posteriormente se aplicará con otras especies. Sin embargo, no se ha transparentado si existen dictámenes veterinarios externos, protocolos de riesgo o evaluaciones posteriores al consumo. Más allá de la legalidad, el caso exhibe una práctica recurrente: acciones presentadas como innovadoras o “ambientalmente responsables” que carecen de sustento técnico claro y que colocan a los animales en una zona donde el daño sólo se reconoce cuando ya es irreversible.
