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De la redacción 

El Buen Tono 

Orizaba.- Lo que el presidente municipal de Orizaba, Hugo Chaín Kuri, califica como un simple problema de “desinformación”, comienza a revelarse como un profundo abismo entre su discurso oficial y la realidad que enfrentan los animales resguardados en la Unidad de Manejo Ambiental (UMA) de la reserva Citlaltépetl.

Lejos de la imagen de control que busca proyectar, las contradicciones del edil son evidentes. En su más reciente declaración, Chaín Kuri sostuvo que el ayuntamiento cuenta con “personal capacitado” para atender a las distintas especies bajo su resguardo. Sin embargo, esta afirmación choca de frente con los hechos documentados desde el inicio de la gestión de la encargada de la UMA, Brenda Abaroa Ortiz, cuyo historial de decisiones ha puesto en entredicho la capacidad técnica de la dependencia.

Mientras el discurso oficial habla de preparación, la realidad muestra a hipopótamos expuestos a pinos de Navidad -tóxicos para su organismo- y a felinos con una reducción de su alimentación a la mitad, un factor que expertos señalaron como detonante de comportamientos agresivos que el funcionario minimiza como “simples juegos entre animales salvajes”.

La simulación de un manejo profesional se derrumba aún más al recordarse que Abaroa Ortiz dispuso alimentar a los animales con sobras de juguerías y carnicerías, contradiciendo protocolos de nutrición y evidenciando improvisación.

La estrategia del gobierno municipal ha sido clara: minimizar la gravedad de los hechos para evadir responsabilidades. Sobre las heridas de un dromedario, cubiertas de manera improvisada con solución violeta, el alcalde salió al paso atribuyéndolas a la vejez del ejemplar. “Es parte de la naturaleza”, justificó, en un intento por restar peso a la negligencia y al deplorable estado de salud del animal.

Con una ligereza que roza lo burdo, Chaín Kuri intentó normalizar la situación: “No escatimamos, tenemos a la gente preparada, pero también debemos entender que es la naturaleza […] los leones se pelean, están creciendo, son jóvenes”. Sobre las lesiones de uno de estos felinos, su respuesta fue la misma: “Una lesión en donde juegan, se rasguñan, eso es normal, pero no es una lesión para alarmarnos”.

El manejo del león “Leonel”, nacido en cautiverio en Casavegas y trasladado al Coliseo La Concordia, evidenció opacidad e improvisación en lugar de un procedimiento profesional.

Bajo el argumento de un posible riesgo de contagio por gusano barrenador, el traslado se ejecutó con un hermetismo absoluto. Sin información oficial, sin claridad pública y, lo más grave, sin la participación de personal especializado en el manejo de fauna mayor. El resultado fue predecible: durante las maniobras de contención, el animal resultó lesionado.

Pero la falta de transparencia no terminó ahí. Testimonios de trabajadores y ciudadanos revelan que, como parte de un intento por ocultar las fallas en la operación de Brenda Abaroa Ortiz, se implementó una política de represión interna. A los empleados se les obligó a firmar documentos de confidencialidad y se les decomisaron sus teléfonos personales para evitar que las “torpezas” de la funcionaria salieran a la luz.

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