

De la redacción
El Buen Tono
La reciente decisión de Estados Unidos de retirarse de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha generado un debate internacional sobre sus implicaciones para la salud global. Apenas días después de asumir la presidencia, Donald Trump firmó un decreto que inició el proceso formal de salida, el cual tomará un año en completarse.
Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, calificó los motivos esgrimidos por Washington como “falsos” y advirtió que esta retirada hace al mundo y a Estados Unidos “menos seguros”. Según el etíope, la agencia siempre ha actuado con pleno respeto a la soberanía estadounidense y se ha comprometido con todos los Estados miembros de manera transparente.
En contraste, el jefe de la diplomacia de EE. UU., Marco Rubio, y el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., sostuvieron que la OMS fracasó durante la pandemia de covid-19 y actuó “repetidamente en contra de los intereses de Estados Unidos”. También acusaron a la organización de “desprestigiar y mancillar” al país y de obstruir información crítica que podría haber salvado vidas.
La OMS respondió señalando que tales acusaciones contienen información inexacta y recordó que Estados Unidos aún debe cubrir sus cuotas pendientes de 2024 y 2025, que ascienden a unos 260 millones de dólares. La organización subrayó que, aunque Washington tiene derecho a retirarse desde su adhesión en 1948, esta acción no exime el cumplimiento de sus obligaciones financieras.
El anuncio ha encendido la polémica global, pues expertos alertan que la salida de Estados Unidos podría debilitar la coordinación internacional ante futuras emergencias sanitarias.
