

AGENCIA
Sudán.- Un equipo de la Organización de las Naciones Unidas ingresó por primera vez a la ciudad de El Fasher, capital de Darfur Norte, desde que fue tomada en octubre por las Fuerzas de Apoyo Rápido, en lo que ha sido descrito como una de las peores matanzas de la guerra civil en Sudán y de la historia reciente del país.
La misión, realizada el último viernes de diciembre, convirtió a los funcionarios de la ONU en los primeros testigos externos en el epicentro de la tragedia. Lo que encontraron fue una ciudad devastada, prácticamente desierta, con comunidades aledañas abandonadas y un número indeterminado de civiles cuyo paradero sigue siendo desconocido.
De acuerdo con estimaciones previas de la ONU, El Fasher tenía una población aproximada de 260 mil habitantes antes de su caída. Al menos 100 mil personas habrían huido tras la ofensiva de los paramilitares, mientras que decenas de miles permanecen desaparecidas sin que hasta ahora exista confirmación sobre su destino.
La coordinadora humanitaria de la ONU en Sudán, Denise Brown, señaló que durante la visita no se observó la presencia de miles de personas, describiendo a El Fasher como una ciudad fantasma. Indicó que aún no se sabe cuántos civiles quedaron atrapados, y advirtió que muchos podrían haber muerto, estar heridos o permanecer detenidos.
Por razones de seguridad, el equipo de la ONU permaneció solo dos horas dentro de la ciudad y recorrió una zona limitada debido a la presencia de municiones sin detonar. La prioridad fue el área del Hospital Saudí, el único centro médico que operó hasta la caída de la ciudad. En ese lugar, el 26 de octubre, las RSF habrían asesinado a más de 460 personas, entre pacientes y acompañantes.
Investigaciones del Centro de Investigación Humanitaria de Yale documentaron, mediante imágenes satelitales, la presencia de montones de objetos compatibles con cadáveres dentro y alrededor del hospital, algunos con rastros de sangre. Posteriormente, dichos restos habrían sido quemados, presuntamente para eliminar evidencia.
Durante la visita, el hospital seguía en pie, aunque con escasos pacientes y casi sin suministros. Organismos de derechos humanos denunciaron que parte del personal médico estaría integrado por profesionales secuestrados por las RSF y obligados a trabajar bajo coerción.
En los alrededores del hospital, algunos civiles sobreviven en condiciones extremas, refugiados en edificios abandonados o estructuras improvisadas con plásticos y mantas, sin acceso a agua potable ni servicios básicos. No hay escuelas abiertas ni servicios públicos en funcionamiento.
En el barrio de Daraja Oula, último bastión civil antes de la caída de la ciudad, el equipo de la ONU encontró un pequeño mercado con productos básicos, aunque sin claridad sobre cómo llegaron a la zona. Imágenes satelitales recientes confirman la ausencia de actividad cotidiana, transporte, comercio regular o concentraciones de población, e incluso muestran vegetación creciendo en antiguos mercados.
Los hallazgos refuerzan las conclusiones de Yale, que documentó asesinatos masivos de civiles, ejecuciones puerta a puerta, quema de restos humanos y la existencia de al menos ocho fosas comunes. En total, se identificaron 150 puntos con restos compatibles con cuerpos humanos, muchos de ellos en zonas donde civiles intentaban huir.
Aunque no existe una cifra oficial de víctimas, diversas fuentes estiman que las muertes podrían ascender a decenas de miles. Legisladores británicos afirmaron haber recibido información que apunta a unos 60 mil muertos en apenas tres semanas, lo que convertiría a El Fasher en escenario de una de las mayores masacres en un periodo tan corto.
Además de los asesinatos, organizaciones de derechos humanos denunciaron detenciones masivas y secuestros. Solo el día de la toma de la ciudad, más de 4 mil personas habrían sido capturadas y trasladadas a centros de detención improvisados, cifra que aumentó a más de 7 mil en los días siguientes. A esto se suman secuestros cometidos por grupos aliados de las RSF, con exigencias de rescate cuyo alcance aún no ha sido determinado.
La ONU reconoció que la respuesta internacional ha sido lenta y limitada, mientras que ambos bandos del conflicto han obstaculizado de forma sistemática el acceso humanitario. La visita a El Fasher demostró que es posible ingresar a la ciudad, lo que abre la puerta al envío urgente de ayuda básica, aunque la magnitud de la tragedia sigue sin ser plenamente dimensionada.
Organismos humanitarios y expertos coinciden en que la situación de El Fasher representa una grave acusación contra la comunidad internacional por su inacción frente a uno de los episodios más sangrientos del conflicto en Sudán.
