Sandra González
El Buen Tono
ORIZABA.- Mientras Orizaba presume vocación turística y atractivos para quienes llegan a disfrutar de la ciudad, para una parte de sus jóvenes independizarse y construir en la ciudad un proyecto de vida se ha convertido en una hazaña, ante salarios que apenas alcanzan para cubrir las necesidades básicas y rentas que pueden consumir una parte importante de sus ingresos.
Así lo expone una queja ciudadana que cuestiona las oportunidades que existen actualmente para quienes están en edad de dejar el hogar familiar y comenzar una vida independiente, pero se encuentran con empleos de mil a mil 500 pesos semanales, jornadas de ocho, 10 y hasta 12 horas, y viviendas que alcanzan los 2 mil 500, 3 mil pesos o más mensuales.
El problema, señala el testimonio, es que ni siquiera pagando esas cantidades se garantiza contar con un espacio verdaderamente independiente, pues existen opciones de renta que corresponden únicamente a una habitación dentro de una vivienda compartida.
Y las condiciones pueden ir todavía más lejos: no recibir visitas, no cocinar o tener prohibido entrar o salir después de las 10 de la noche son algunas de las restricciones que, según la queja, deben aceptar jóvenes que buscan un lugar donde vivir.
“Uno quiere independizarse de sus padres y termina pagando renta para sentir que simplemente cambió de padres”, expone el ciudadano, al cuestionar si estas condiciones deben considerarse normales para quienes buscan comenzar su vida adulta.
La inconformidad pone el dedo en la llaga, una realidad que contrasta con la imagen de una ciudad atractiva para el turismo: mientras Orizaba puede ser un destino para visitar, disfrutar y presumir, para quienes necesitan trabajar, pagar una vivienda y establecerse de manera permanente es un escenario resulta más complicado.
“Orizaba solo sirve para vacacionar, no para vivir”, señala el testimonio, al considerar que los bajos ingresos y el costo de las rentas terminan limitando las posibilidades de los jóvenes para independizarse sin abandonar la ciudad.
La queja plantea así una pregunta de fondo: ¿qué oportunidades está ofreciendo Orizaba a los jóvenes que quieren quedarse, trabajar, independizarse y construir aquí su futuro?
Más allá de la imagen turística, el reclamo coloca sobre la mesa la necesidad de hablar también de empleo, salarios y acceso a vivienda, porque una ciudad no solo se mide por los visitantes que recibe, sino por las condiciones que ofrece a quienes quieren hacer de ella su hogar.
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