

De la redacción
El Buen Tono
Ciudad de México.- Miguel Ángel Yunes Márquez vuelve a dar de qué hablar, pero no por su trabajo legislativo, sino por su evidente hábito de ausentarse en los momentos clave. Su licencia del 25 de marzo al 15 de abril de 2026, justo antes de la votación del “Plan B” en materia electoral, deja su escaño en manos de su padre, Miguel Ángel Yunes Linares, consolidando la idea de que su “compromiso” con el Senado es más teatral que real.
Esta no es la primera vez que Yunes Márquez juega con las reglas a su conveniencia: en marzo fue captado en París mientras fingía motivos personales, y en septiembre de 2024 se ausentó por “salud” para luego reincorporarse y emitir un voto que favoreció a Morena, asegurando la mayoría calificada. Estos movimientos terminaron con la expulsión de él y su padre del PAN, pero aparentemente no aprendieron nada.
Hoy, como presidente de la Comisión de Hacienda y Crédito Público, su ausencia calculada deja claro que para Yunes Márquez, la política es un escenario para maniobras personales y no un compromiso con la ciudadanía. Lo que debería ser una responsabilidad seria, se convierte en un espectáculo de oportunismo y estrategia familiar.
